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domingo, 21 de septiembre de 2014

Mecánicos.

En 2002 Colton Ford era la estrella de los estudios  All Worlds Video. Desde finales de los 90 hasta la mitad de la primera década de 2000, su participación en varios largos de estos estudios se incrementa. Por si su sóla presencia -no es neceseario mencionar su instrumento entre sus piernas- llenando toda la pantalla con ese pelo canoso, esa mirada caída, su perilla de caballero latino y ese cuerpo cachas mantenido en gimnasios, no fuera suficiente para llamar tu atención, ahora te ofrezco un motivo más... Atención porque aquí participa casi todo el elenco de la película.  Purito intergeneracional. Y si tu eres de esos que se quedan extasiados contemplando a los mecánicos cuando pasas por delante de un taller de reparación de automóviles, me lo agradecerás.
Escena de la película editada en 2002, escrita, y pensada para el total lucimiento de Colton Ford, que además, lleva su mismo nombre: Colton.
Guión -¿hay un guión en las pelis pornos? Parece que si-: Jack Steele, otro mimado de All Worlds Video, cuya obra maestra, Steele Ranger, aún levanta muchos penes.
Dirección: Chi Chi La Rue.

Colton Ford, protagonista absoluto de Colton (2002)


Your Dad is Gay

En Your Dad is Gay, estos dos dos muchachos...

Morgan Tayler y Johnny Rapid

... descubren un vídeo subido de tono en el ordenador del padre de uno de ellos. Resulta que ambos muchachos están frente a la pantalla del ordenador personal del padre de Morgan Tayler, por asuntos de trabajo, o eso me ha parecido a mi. De pronto pronto, ambos llegan a la siguiente -e inquietante- conclusión, puesta en boca de Johnny Rapid: Hay algo que tu padre te está ocultando...
Y es que han descubierto que, en el historial de navegación del navegador de internet. hay tanta pornografía como para crear un blog como este. Y lo más asombroso, es que toda esa pornografía es ... ¡Porno gay!
Rock y Morgan Tayler
                                    Tu padre es gay, dice Jonnhy Rapid entre risitas.  ¿Y lo es?
Cuando Jonnhy Rapid sale de escena, Morgan Tayler se queda solo frente al ordenador contemplando extasiado toda esa pornografía. Y como él si que es gay, pronto se pone palote, y decide hacerse un pajote para quitarse de encima la calentura. Entonces llega Rock, el musculitos maduro quien, además de sorprender al muchacho disfrutando de sus placeres solitarios, pronto aclarará quién es gay y quien no lo es.
De Men.com, incluido en la serie Drill my hole.


miércoles, 17 de septiembre de 2014

Dos amigos.




Doing my friend like I was back in jail powered by YouPorn.

Trabajo de verano (Relato)

Regresa otro gran autor al blog, Carlos R.
Y nos envía este exquisito relato.
Lo que único que puedo decir es que ojalá que mi primer trabajo hubiera sido así.
¿Qué no?
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Tras meses que parecieron años y horas que parecieron días, por fin me había sacado el Bachillerato. Todo el tiempo que invertí en mis estudios fueron reflejados en una media de nueve aproximadamente, y unos conocimientos del mundo que me rodeaba. Mis padres, contentos, como no, me invitaron a cenar fuera con mi hermano pequeño al restaurante que había cerca de casa. 

- Paco – me llamó mi padre – tanto tu madre como yo estamos orgullosos de tus resultados académicos y hemos decidido, siempre que te parezca bien, buscarte un trabajo para que tengas experiencia laboral. 
- ¡Por supuesto que sí, papá! – respondí. 
- Me alegra que te parezca buena idea, pues tu tío Sebastián me ha dicho que necesita un ayudante en su oficina y tú podrías ser su contable. 
Hacía años que no veía a mi tío Sebastián porqué se fue a estudiar al extranjero. Volvió hace unos dos años y montó una inmobiliaria modesta que llevaba él solo. 

- Tu tío te agradecerá que vayas a ayudarle. Te hará un contrato de trabajo y te pagará con algo de dinero, pero no le exijas demasiado, que todos sabemos la situación de tu tío. Ante todo, confórmate con lo que te dé. ¿Entendido? Así me habló mi madre, que me enseñó cómo comportarme en el trabajo y yo asentía diciendo a todo que sí. Empezaría en tres días, al lunes siguiente.
Descansé durante aquel fin de semana y el lunes temprano en la mañana me coloqué delante del espejo de mi habitación. Alistándome nervioso, comprobaba que estuviera bien correcto. Tenía diecinueve años y era bastante alto, con la tez muy clara y el pelo corto y castaño, los ojos color miel y algunas pecas por las mejillas. Nunca he hecho ningún deporte, pero tenía algún musculo marcado por pura genética. Observaba cómo me quedaba la camiseta, una de mis favoritas, blanca con rayas rosas y celestes, y el contraste que me hacía con las bermudas beige y los zapatos de cuero. Bien, ya estaba listo para mi primer trabajo.
Tuve que andar un poco para llegar a casa de mi tío, donde nos habíamos citado para ir a su oficina. Me abrió la puerta y me saludó besándome y abrazándome con su familiar alegría. Le noté realmente cambiado. Seguía siendo un treintañero de piel morena, con el pelo negro aunque con menos que la última vez que le vi; sus ojos verdes y mucho más fuerte. Me pareció que antes lucía más rellenito. Tras su efusivo saludo me contó tan brevemente su experiencia en Alemania, que me dio la sensación de que por alguna razón, quería pasar por alto tal evento. Acabada la pequeña conversación, nos dirigimos a su coche para ir a la oficina, a cinco minutos de su casa. El local no era muy grande, y más bien alargado, se me antojó tipo garaje. En la entrada, un pequeño sofá en el que esperaban los clientes, seguido una mesa de escritorio. Detrás de la mesa, oculto por un biombo vintage que ya había conocido mejores días, se hallaba el despacho de mi tío y, detrás de este, la puerta de un pequeño baño. Todo el conjunto presentaba una decoración tan destartalada, que parecía sacada de un atrezzo del grupo de teatro local. Aquellos muebles de oficina eran claramente de los años cincuenta, y su pretendida funcionalidad se daba de bofetadas con aquellas modernas lámparas fosforescentes de bajo consumo. Dos ordenadores fijos, y una tablet colocada bien visible a modo de agenda sobre su mesa de trabajo, eran los únicas concesiones al siglo veintiuno. Si aquello atraería o no a algún cliente era todavía un misterio. 
- Bueno Paco, siéntate – me senté frente a Sebastián al otro lado de su mesa y el me miró fijamente, quizás tratando de adivinar cuáles eran mis pensamientos. Acto seguido añadió que, básicamente, mi trabajo consistiría en organizarle sus papeles. 
- Hay algunas facturas, organización de cuentas y algo más que se me irá ocurriendo -añadió en un tono formal- Te puedes acomodar en la mesa de fuera, la que antes era de mi secretaria, y usar el ordenador con toda libertad. 
- ¿Voy a ser tu secretaria? -le pregunté 
No me respondió. Simplemente se limitó a señalar aquella mesa de escritorio, que vacía, me esperaba al otro lado del biombo. Tomé posesión de mi puesto de trabajo, y al punto mi tío depositó sobre mi mesa una polvorienta carpeta repleta de papeles: facturas, albaranes de entrega, correspondencia y publicidad comercial. A primera vista mi trabajo no exigía ningún esfuerzo extra por mi parte. Tras un resoplido, me puse a trabajar. Dado que en el Instituto me había la asignatura de Administración y Contabilidad con los ojos cerrados, siempre acababa lo que mi tío me mandaba a tiempo y en ocasiones me ponía a chatear por internet y hasta actualizada mi Facebook. Nuestra relación fue consolidándose a medida que pasaban los días. Íbamos juntos a la cafetería, tomábamos el café, volvíamos y, a menudo me sentaba con él, directamente al otro de su mesa, a hacer papeleo. Esto dio pie a hablásemos mucho y a conocernos más a fondo: por fin me contaba sobre sus experiencias en el extranjero, sus ligues y demás, mientras yo le contaba cosas mías. 
- ¿Y ya tienes novia, campeón? – me preguntó una vez, en medio de aquella conversación que giraba entre salchichas alemanas, cervezas y chucrut. 
- ¡No, que va! -respondí ingenuamente- A las mujeres no les van los tipos como yo. 
- ¡Vaya! -exclamó- ¡Al final tendrá razón tu tía y algún día nos presentas a un tío como tu novio!
Mi tía era su ex mujer, hermana de mi madre. Aquel matrimonio atropellado, entre rumores de embarazo que nunca fueron ciertos, duró lo que un verano. Ahora mi tía vivía en algún lugar de la provincia de Badajoz, a quilómetros de aquí, como si se ella misma hubiera querido exiliarse de la familia. Era un secreto a voces. Nadie en mi familia sabía que yo era bisexual, excepto ella. Y lo supo porque entró de sopetón en mi habitación buscando no se qué y nos sorprendió a mi y a Pablo, un chico que iba un curso por delante de mi en el Instituto. En medio de un inocente beso en los labios, ni Pablo ni yo vimos cómo se abría la puerta y entraba ella. Paralizada por la situación simplemente se limitó a sonreir. Más tarde, cuando estuvimos a solas, me estampó dos besos en las mejillas y me dijo que si yo no abría la boca, ella tampoco lo haría, que eso sólo se sabría si yo lo hacía público. Y añadió que, hiciese lo que hiciese yo, siempre me apoyaría. Luego soltó una carcajada y me preguntó seriamente: ¿Y qué hacemos con tu novia? Me limité a mirarla como si estuviera loca, y al final yo mismo estallé en una sonora carcajada. Supongo que fue a causa del alivio por la presión de haber sido descubierto. Y ahora ante aquel comentario me mi tío actué de un modo similar, respondiéndole con una carcajada, pero sin afirmar ni negar nada, puesto que no había nada que decir. Cuando pasó aquel momento de confidencias volvimos al trabajo. 
- Escucha Paco -me dijo mi tío al cabo de un rato- Tengo que salir un momento a hacer unos recados. ¿Podrías quedarte a cerrar? 
- Vale, tío. -dije- Vete tranquilo. 
Salió mi tío y bajó las persianas indicando que estaba cerrado. Yo me senté en la mesa de mi tío a organizar papeleo, pero al otro lado, como si el jefe fuera yo. Pasados unos minutos oí un móvil y encontré entre los papeles el móvil personal de mi tío. Le envié un mensaje desde ese móvil a su móvil de trabajo, anunciando que se lo había dejado aquí. Me respondió diciendo que lo dejara en la mesa y que lo recogería mañana. Así lo hice, pero el móvil recibía mensajes cada dos por tres. Lo puse en silencio, y después en modo vibración, pero aquel condenado aparato no se estaba quieto. Cuando ya hube acabado con mi trabajo decidí cotillearlo. Abrí sus aplicaciones y miraba allá donde podía, mensajes, llamadas... Sentía que estaba revolviendo en su intimidad, como un canalla, pero su telefonillo no daba tregua. En su Whatsapp encontré conversaciones con algún tío algo subidas de tono. Y había alguna que otra foto. De hombres desnudos, de varias etnias, con sus penes al aire, tiesos y duros. Entre ellas se repetía la de un muchacho de piel morena, y aire caribeño, que con orgullo, mostraba sus atributos sexuales. Luego había un tipo que destacaba entre todos ellos por el tamaño de sus cojones y la enormidad de su pene... Piernas, vientre y pecho velludos... ¿Mi tío?

Todo aquello me pareció bien extraño ya que tenía a mi tío por heterosexual, y heterosexista: mero macho, como decía Alejandro, un muchacho mexicano de mi edad, recién llegado de Monterrey. Leyendo sus conversaciones me encontré con que mi polla se había puesto dura. Siendo honesto, a mí mi tío me calentaba mucho como hombre y leyendo esas conversaciones que me daban a entender que le iba el rollo gay, provocó que me tuviera que hacer un pajote en ese mismo instante. Me la saqué del pantalón y empecé a cascármela mirando esas fotos, con rapidez por si mi tío volvía. Mi polla era bastante grande, unos 19 centímetros, pero no muy gruesa. Lo que más me sorprendía de ella era cuando me corría. Mis corridas solían ser abundantes y espesas, casi cremosas. Tuve miedo de mancharlo todo con mi leche: su móvil, su tablet, o aquella ridícula mesa estilo años 50. A punto de correrme troté hasta el baño, abrí la taza del inodoro y me las apañé para descargarme ahí dentro. Cuando hube acabado me limpié y dejé el móvil en su sitio, después cerré y me fui hacia casa. Pasaba por una calle con bares, algunos muy ruidosos y otros más relajados. Y entre ellos se mezclaban algunos bares de ambiente. De uno de ellos vi salir a Sebastián. No estaba solo. Le acompañaba el chico de las fotos. Mi tío le cogía de la cintura y el chico, de unos veintiocho años y de etnia cubana si mal no recuerdo, tenía su mano en el bolsillo trasero de los pantalones de mi tío. Me escondí un poco y pude ver como se dirigían hacia una calle poco transitada. La curiosidad me pudo y les seguí. Entre las sombras pude distinguir como se besaban apasionadamente y se sobaban mutuamente. Asombrado, pasé de largo y me dirigí a mi casa. Cuando llegué, comprobé asombrado que ya eran a las diez de la noche. Al acostarme, cayó otra paja.
Llegada la mañana, mientras me dirigía a la oficina pensaba en lo que había sucedido y, de manera inconsciente, sentí el impulso de insinuarme a mi tío con la esperanza de que me hiciera lo mismo que a aquel chico. Desesperado, me encontré con qué no sabía como meterme en harina. Toda aquella jornada discurrió entre ridículos intentos por atraer su atención. Yo ya me sentía, hasta cierto punto, avergonzado. Y de nuevo a mi casa, esta vez algo más pronto que el día anterior, me acosté para pensar qué más podía hacer para follarme a mi tío. No se me ocurrió nada nuevo y me sentí muy frustrado. Me dormí, creo que con la polla tiesa, rogando para que todas las técnicas que sabía me valieran para por fin seducirle. 

Llegué a la mañana siguiente al local a las ocho de la mañana, como cada día, y Sebastián no venía. Decidí caminar hasta su casa, lo que me llevó unos quince minutos, y entré a su casa. Él me había dado un llavero con las llaves del local y las de su casa por si ocurriese algún imprevisto. Luego me sentí estúpido: podría haberme limitado a llamarle por teléfono antes de pegarme aquella caminata. 
- ¿Sebas? – le llamé mientras entraba -. Hace rato que te espero en la inmobiliaria y no vienes. ¿Ha pasado algo? 
- ¡Hostia, tío! -exclamó mi tío con la voz rota por el sueño- No me ha sonado el despertador… Pasa a mi cuarto, anda. Ayer me entretuve y me acosté tarde, y la costumbre de ir siempre a trabajar cuando quiero… Lo siento mucho, Paco – se excusaba mientras yo me dirigía hasta su cuarto. 
Cuando entré en su habitación Sebastián aún estaba tumbado en la cama, somnoliento. Se hallaba sin camiseta, mostrándome su pecho velludo, pero tapado hasta la cintura con una sábana blanca algo transparente, cosa que me permitió adivinar que sólo llevaba unos shorts. Me dijo que aguardara unos minutos en lo que acababa de arreglarse. Se levantó y yo aproveché, sentado en la cama, para mirarle paquete. Al llevar ropa ancha no pude ver gran cosa, solo un bulto grande, algo erecto y unos grandes huevos que Sebastián se colocó unos segundos después de estirarse. Se vistió deprisa y atropelladamente, se peinó y subimos a su coche. ¡Aún me sorprende como fue capaz de prepararse y beberse una taza de café negro en medio de todo esto! 

En el trabajo, la diosa fortuna le sonrió: cayeron dos ventas. Y al igual que él, yo tuve bastantes cosas que hacer, por lo que ambos se nos fue el tiempo en un suspiro. Como aún nos quedaban cosas que hacer, sugerí comprar cena y comerla mientras acabábamos. Cenamos apilados en mi mesa de trabajo, mientras charlábamos de nuestras cosas y recuerdo que hacía mucho calor. Con el sistema de aire acondicionado roto, Sebastián no podía permitirse aclimatar de nuevo la inmobiliaria, por lo que pronto los dos estuvimos sudando.
- ¡Dios mío, qué calor que tenemos esta noche! -exclamó Sebstián- Del año que viene no pasa que no arregle el aire acondicionado -añadió desabrochándose la camisa unos botones más y dejando su pecho velludo al descubierto -. Pasó por la calle una chica rubia, de grandes senos, piernas largas y corta ropa y permaneció por unos instantes mirando las ofertas del escaparate. Luego se fue. 
- Hay que ver qué frescas que van las chicas hoy en día, ¿no? ¡Raro es que no le hayas echado el lazo a alguna, Paco! 
Y nuevo, como caído del cielo, el mismo tema de siempre: mis NO novias y yo
-Ahora no me interesa estar en una relación, tío Sebas, tengo que centrarme – le dije vehemente. 
- Lo sé, estudiar es primordial. Pero no tienes que dejar de lado a las chavalas, que ahora estás en la edad de ir detrás de ellas. ¡No puedes estar sin follar, Paquito! 
La conversación con mi tío, que se hallaba descamisado, y ligeramente tumbado en la silla de mi escritorio fumándose un cigarrillo, pareció entrar de repente en lo que llamo una conversación de hombres, entre hombres. No sólo fue que hubiera dicho la palabra follar. Me preguntó si yo era virgen y con cuántas lo había hecho. Sin darme ocasión a responder él me contaba de las experiencias sexuales que había vivido, incluida la del chico cubano del bar. Y fue así como quedó claro que el pretendido bisexual no era yo sólo... A mi a esas alturas ya no me sorprendía nada. En otra ocasión yo me hubiera contenido algo, y oyéndole hablar supe que si le calentaba lo suficiente, probablemente acabaríamos en su cama. Y decidí, como en un juego, ponerle a prueba, contándole mis cosas.
- ¡Vaya con el muchacho! – exclamó tras oír algunas de mis historias - ¡Tan santo como parecía y tiene más delito que algunos adultos! Suspiró y me sugirió que dejaramos el trabajo para mañana, puesto que estábamos teniendo una gran conversación, una de aquellas pláticas directas, de tu a tu. 
- Yo de joven era como tú, ¿sabes? – confesó - Siempre que tenía ocasión acababa tirándome a una chica. Y, desde luego, tú estás mejor que yo antes, así que te las debes llevar a todas. Se te nota en tus genes: estás muy cachas, machote, y eso les vuelve locas. 
- Es cierto, pero tú también tienes una buena musculatura. Ahora mismo te veo los abdominales y están geniales. 
- Es fruto del gimnasio, no como tú. Mira, levántate la camiseta y compara. 
Obedecí la orden, me puse en pie y me levanté la camiseta hasta el pecho. 
- ¡Tu cuerpo casi se parece al mío! -exclamó mi tío divertido- ¡Parecemos hermanos! A decir verdad nos parecemos mucho físicamente, pero vamos, no lo tendrás todo igual de desarrollado que yo, ¡Ja, ja, ja! – añadió bromeando. Se estaba refiriendo a mi pene, naturalmente. Riendo le dije que él no me la había visto nunca y que, por tanto, no podía opinar, ni hacerse ninguna idea al respecto. Yo me sentía excitado y notaba el principio de una erección entre mis piernas. Todo eran bromas en tono jocoso, pero la pregunta flotaba ya en el aire. Tras unas rondas de risas me la formuló por fin: 
- ¡A ver! ¿Cuánto te mide la polla? Si tan seguro estás de que no es tan pequeña, dímelo. 
- Diecinueve, listillo. No está nada mal para la edad que tengo. ¿No crees? –me pitorreé. 
- La verdad es que no, chaval, la hacía mucho más pequeña. Pero nada que envidiar a la de tu tío, desde luego. 
Definitivamente aquello era ni más ni menos que una auténtica conversación de hombres, entre hombres. No nos habíamos salido del guión ni un ápice. Me dijo que nunca se la había medido, pero que le parecía le mediría algo más de diecinueve. 
- Pues si nunca te la has medido, sácatela y demuestra que estás en lo cierto – le dije algo cachondo. Al principio él no quiso, pero después de insistirle y de llamarle embustero dijo rotundo: 
- Nada sale de aquí, ¿entendido? 

Moví la cabeza afirmativamente mientras se él se puso en pie y se bajó el pantalón un poco, luego repitió con los bóxer. Quedé boquiabierto ante la polla de Sebastián: era peluda, grande, gorda y tenía los mismos huevos enormes que me había imaginado esa mañana, los mismos que vi en aquella foto en su movil. Se quedó quieto unos segundos, luego se colocaba los huevos y la movía hacia arriba y hacia abajo, como si aquella parte de su anatomía fuera un prodigio único e irrepetible. 
- ¿Me crees ahora, sobrino? Tu tío no tiene porqué mentir sobre el tamaño de su polla, así que ya sabes. Yo no miento – me aseguró mientras se la guardaba. 
Se produjo una pausa incomoda 
- Paco, voy a irte al grano porqué esto ha llegado lejos. Sé que has mirado unas fotos de mi móvil y has leído una conversación, y que por eso estás tan cariñoso conmigo. No hay otra explicación. 
- Em… Bueno, el móvil sonaba mucho y las conversaciones se abrieron. Lo siento mucho, Sebas – me disculpé, pálido. 
La excitación del momento, se había esfumado. Para mi sorpresa, mi tío seguía hablando sin inconvenientes. 
- Yo sabía que no sólo te gustaban las mujeres, te conozco. Pero de ahí a mirar las fotos personales de tu tío… 
Yo dirigía la mirada hacia el suelo, avergonzado. 
- Por otro lado debería comprenderte, pues si has leído mis mensajes, y después de lo que hemos hablado ya sabrás también mis gustos… 
Pasaron dos minutos sin que los dos dijésemos palabra. Sebastián simplemente clavaba sus ojos en mi y yo miraba por toda la tienda; no me atrevía a enfrentarle la mirada. Pensar en él en mi cama, era más fácil. De pronto su rostro pareció relajarse. Suspiró y me dijo: 
- Las fotos, ¿te gustaron? 
- ¡S-Sebas…! - balbucee – Yo... 
- Respóndeme, no pasa nada. 
- Me gustaron – lo dije mirándole a los ojos -. 
- En esas fotos casi no se me ve nada, no me apetecía pasarlas. ¿Te gustaría ver cómo es en realidad? 
La pregunta fue retórica, porque antes de que pudiese decir nada él se había levantado de nuevo y sacó de nuevo su miembro al aire, pero ahora mientras lo enseñaba se acariciaba suavemente el pecho y pronto me cogió de la mano y me llevó a su mesa, detrás del biombo. Se quitó sus pantalones y se sentó en su silla; aun llevaba la camisa desabrochada aunque su cuerpo ya no guardase ningún misterio. Me hizo un gesto para que me acercara y me colocó su mano en mi barbilla. Sus dedos acariciaban mis labios. Luego me besó llevó. Cobardemente yo me dejé hacer. Mientras nos besábamos y él me metía su lengua en mi boca, yo me dedicaba a sobarle el paquete, casi por instinto. Pronto me agarró de la cabeza y arrodillándome, la condujo hacia su polla. Entonces yo abrí mi boca y sin que él me lo pidiera chupé su polla. Fue delicioso notar cómo iba creciendo y aumentando a medida que la saboreaba. Hubo un momento en que era tan grande que temí que me ahogaría. Pero no supuso impedimento para Sebastián, quien entre suspiros, empujó mi cabeza hacia la base de su polla para que me la tragase entera. Intentó quitarse la camiseta, pero le dije que no lo hiciera, me excitaba más así, con la camisa puesta.
 
¿Porque no? Tuve un novio a quien le chiflaba comerse mi polla sobresaliendo directamente de la bragueta de mis jeans ajustados. En esas pensamientos me hallaba cuando Sebastián me asió de nuevo para desabrocharme mi bragueta, y cuando yo estuve de nuevo en pie y él sentado, empezó a comérmela. ¡Qué bien lo hacía, el cabrón! No era la primera vez que se comía un rabo, no había duda. Para mi sorpresa, y al igual que aquel amante que tuve, parecía gustarle aquello de comerme la verga sobresaliendo ésta de mi bragueta. Se demoró bastante para quitarme los pantalones y, al fin, quedar desnudos los dos. Bruscamente, apartándolo todo de su mesa, me tumbó encima frotándose conmigo y besándome con frenesí. 
- ¿Me vas a dejar hacértelo? – me preguntó rozando mi culo con su polla erecta. Su voz era un susurro. Le afirmé y, tras un par de salivazos que frotó sobre mi esfínter, me la metió despacio, y amorosamente, como sólo los buenos amantes saben hacer. Yo era más de meter que no que me la metiesen, y aquello él debió notarlo 
- ¡Que culo que tienes, Paco, cómo me va a gustar follarte! Tienes que aguantar, ¿eh? 
- ¡Ah, sí! -exclamé, sintiendo que me partía por la mitad con aquella verga descomunal. ¡No voy a quejarme para nada, tú sigue follándome! – le rogué entre sollozos -. 
Sebas empezó a moverse lentamente, porqué sabía que me dolía, pero iba subiendo el ritmo a medida que las paredes de mi culo se dilataba. Su expresión facial también se transformaba con el tiempo: empezó mirándome con algo de ternura pero a medida que subía la velocidad de sus embestidas me miraba con deseo, y con una expresión lujuriosa pintada en su rostro. Entre gemidos, yo iba masturbándome un poco para gozar juntos de aquella follada. Sin embargo apenas necesitaba tocarme. El simple hecho de que el trabuco de Sebas estuviese dentro de mí, me producía un placer tan potente e intenso que tuve que controlarme: podía haberme corrido ahí mismo sin usar mis manos. Cuando me quise dar cuenta estaba Sebas sentado en su silla y yo, de espaldas a él, saltando sobre él, empalado, mientras recorría mi espalda con besos que quemaban. 
- ¡Buf, Paco, necesito correrme ya! -suspiró- ¡Ponte de rodillas, anda! 
Salté de entre sus piernas sintiendo el enorme vacío que había dejado su pollón en mis entrañas. Y  de rodillas agarré su miembro y me lo llevé a la boca. Pese a haber estado dentro de mi, no me dió asco. 
- ¡Así! ¡Así se hace, chaval! -gimió Sebastián con voz rota- ¡Chúpasela bien a tu tío! ¿Quieres la leche de tu tío? 
- ¡Si tío, quiero que te corras en mi cara !– le rogué. 
Se las arregló para agarrarse el miembro mientras yo aún se lo lamía y empezó a masturbarse, frenéticamente. De algún modo me agarró del hombro, obligándome a que dejara de comérsela, y situándome a la altura de su vergote escuché como un grito ahogado escapaba de su garganta. De pronto aquella polla empezó a soltar grandes chorros de leche: el primero me dio de lleno en la cara, y me atravesó desde la boca hasta la ceja; el segundo fue a parar a mi boca, y fue el único que atrapé. Un tercero se estrelló en mi pecho, al igual que un cuarto chorro, aunque de menor intensidad. Corriéndose mi tío siguió gritando, como si eyacular fuese una tortura. Su sonoro orgasmo y esos gritos me pusieron a mil y antes de que pudiera yo correrme él se levantó y me cedió su silla. De rodillas se limitó a chupármela hasta que acabé sin remedio dentro de su boca.
Sebas que me corro! -exclamé sin poder evitar el torrente que saldría disparado desde mi polla. Aún así, el no soltó mi miembro, ni se apartó, si no que siguió chupándomela. En medio de las contracciones de mi tranca al correrme, me imagino que él si se tragaría todo mi lefa. Creo que yo también grité mientras me vaciaba. En medio de mi orgasmo pude ver como dos hilos de cremosa leche, mi propia leche, resbalaban por las comisuras de los labios de mi tío. Cuando aquella lujuria hubo acabado ambos nos levantamos, y fuimos juntos al baño para limpiarnos. Si decir palabra alguna, recogimos nuestros trastos, y alegres, abandonamos la oficina.
Los meses siguientes, hasta que empecé de nuevo mis estudios, transcurrieron en cierto modo con naturalidad: trabajaba más a gusto y mi tío disfrutaba de tenerme cerca de él. A veces, al acabar el trabajo, me llevaba a su casa a cenar y en muchas ocasiones acabábamos en su cama como dos animales. Recordaré siempre el día en que los dos salimos de copas a uno de esos bares de ambiente y me entró un hombre rudo y fuerte que me preguntó si quería que me rompiese el culo. Él, sin pensárselo dos veces, dijo en voz alta: Cuidado. Estás hablando con mi sobrino, y sólo le rompo el culo yo.

Por Carlos R.
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domingo, 14 de septiembre de 2014

Con la polla en su bolsillo.



Treasure Island Media (Treasureislandmedia.com) pelea en la red con una ambición decididamente internacional. Puede que no tenga los modelos más guapos, ni los más cachas -hunks- ni tampoco  verás enornes penes enhiestos, aunque si peleones y juguetones. Con sede en San Francisco, California, esta productora salta los confines estadounidenses, vía Nueva York, y recala en Londres -dudo mucho que para ver a la Reina Elisabetona, pero si a las reinas londinenses- y vuelve luego a las américas destino México D.F. Toda esa vuelta no es más que para probar el producto local masculino -contratar modelos- y ponerse a trabajar para ofrecerte videos como el que sigue.
Alojado en Pornhub.com -sección gay- lo llaman Dad trainer for stepson o en como dirían en el zócalo de Ciudad de México Papá entrenador para hijastro. Aunque un mexicano de alcurnia diría mejor 'Papá coach para stepson'. O tal vez no. El caso es que una vez visto el vídeo no hay ningún referente de parentesco entre los chicos , los cuales son Drew Sebastian -el de la cabeza rapadita- y Danny Blue -el otro, de las largas patillas-.
Así que basándome en la siguiente captura...


...lo he titulado Con la polla en su bolsillo. Y me he quedado tan ricamente y tan a gusto que me han dado ganas de ponerme mis jeans favoritos y luego llamar a mi hijo predilecto -cuidado, mayor de 18 años siempre(!)- para probar eso la polla en el bolsillo.



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