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lunes, 23 de mayo de 2016

Del tal padre, tal hijo. (Relato) - Cuarta Parte

AMANTES.
   Con algo de brusquedad recostó al chico, tan largo como era, en el sofá; se desprendió de sus últimas prendas y se hincó frente de él, entre sus piernas. Complacido, escuchó el suspiro de Alex y disfrutó la mirada de obscena fascinación que le bullía de los ojos. Sin dejar de sonreír tomo las piernas de su hijo y las levantó dejando al descubierto su oscuro y apretado agujero de placer. El miedo de Álex fue notorio: el chico también intuía que el pene de su padre podría lastimarlo. Héctor le obsequió con una confiada sonrisa, para después inclinarse y hundir su rostro entre las nalgas de su hijo. Aquel rosado ano le pareció perfecto, tan apretado y tibio, que se relamió los labios de sólo pensar en lo mucho que lo disfrutaría. Con ansiosa excitación estiró su lengua y rozó tímidamente los bordes del ano de Alex. El chico se estremeció al sentir el sutil contacto y Héctor emitió un pequeño gruñido de asentimiento para después reiniciar su ataque, esta vez con mayor fuerza. Álex estaba a punto de gritar. Sabía lo que su padre estaba haciendo, pero nunca soñó, ni en sus mas locas fantasías que semejante caricia fuera tan placentera. Su zona perineal resultó muy sensible. Podía sentir con claridad la húmeda lengua de su padre, reptando como serpiente, entre sus mas íntimos rincones, produciéndole un escalofrío que le llenó de placer cada poro del cuerpo. Sus gemidos se hacían cada vez mas fuertes y no lograba mantenerse quieto. Su cuerpo se convulsionaba presa del placer. De pronto la sensación cambió. La lengua de Héctor comenzó a abrirse paso a través de la estrechez de su ano, penetrándolo suavemente. Una nueva exclamación nació de la garganta de Álex. La lengua de su padre estaba dentro de él, rozando su mas recóndita intimidad. Cada caricia iba dirigida a aumentar su placer, a prepararlo para lo que vendría… Cuando Álex se dio cuenta de esto último, no pudo evitar comparar: si la lengua de Héctor era tan placentera, ¿Qué tanto más placentero seria tener aquel glorioso miembro viril dentro? Apenas podía esperar para sentirlo...
   Héctor estaba disfrutando como nunca el estar atrapado entre las suaves nalgas de Álex. El provocar aquellos gemidos de placer le proporcionaba mucha alegría, y al cabo de unos minutos su excitación aumentó más al sentir como el canal trasero de su hijo se relajaba y empezaba a distenderse. Era hora de dar el siguiente paso: sin separar su lengua de la cavidad anal de Álex, extendió su mano y con firmeza tomo el pulsante y erecto miembro que el chico poseía. Tras masajearlo un poco, dirigió su lengua a un punto distinto. Con deliberada lentitud repto por el perineo para después dedicar sus caricias linguales a sus testículos, que colgaban lánguidos, como invitándolo a jugar. Álex se retorció gustoso y separó aún más las piernas, dejándole el camino aun más libre a su padre. Héctor ya se lo esperaba y aprovechando la disposición de su hijo, usó su otra mano y extendiendo sus dedos comenzó a penetrarlo, lenta y suavemente.
   Las sorpresas no se detenían y ante cada caricia Álex enloquecía más y más a causa del placer. Ya no sólo era la fuerte mano de su padre masturbándolo y su serpenteante lengua acariciando sus testículos, ahora eran también sus dedos entrando y saliendo de su intimidad. Al principio la sensación le resultó extraña y hasta un tanto incómoda, pero la magia de su padre ya estaba operando, y para cuando introdujo el segundo y tercer dedo, su cuerpo ya estaba en éxtasis nuevamente. La multitud de caricias lo tenía frenético. De alguna forma su padre había encontrado todos sus puntos sensibles, y los estimulaba al mismo tiempo convirtiendo cada caricia en una descarga de placer que invadía su piel, cortándole la respiración; la satisfacción era casi insoportable. Un grito escapó de sus labios, su cuerpo se contorsionó y se llevó las manos a la cabeza intentando aliviar la sensación de que estallaría de placer en cualquier momento. Sin embargo el estallido ocurrió en otra parte: sin darse cuenta empezó a eyacular incontrolablemente, disparando su pene varias descargas de semen con tal fiereza, que le llegaron hasta el rostro. Un inenarrable placer recorrió su ser sólo para abandonarlo después de unos momentos, dejandole un agradable agotamiento en su cuerpo.
   Héctor se separó de la deliciosa entrepierna de su hijo y mientras alzaba la mirada se quedó sin palabras: lo que vio le parecía indescriptiblemente bello. Aquel joven adonis que era su hijo yacía desnudo, sudoroso, ardiente. Su pecho subía y bajaba en visible agitación. Sus firmes brazos sujetaban su castaño cabello, dejando al descubierto sus axilas cubiertas de crespo y oscuro vello; los pezones erectos, el suave vello del pecho húmedo, adherido a la piel y delineando los músculos, el pene semi erecto y aún escurriendo esperma y el rostro invadido de sudor, semen y con un gesto de infinito placer. No había palabras para describir semejante belleza. Una vez más se llenó de aquella indescriptible e innombrable sensación que aún no lograba explicarla, pero hacia de cada segundo que pasaba con Álex la experiencia más placentera que jamás hubiera tenido.
   - Todos los jóvenes son iguales – exclamo Héctor saliendo de su estupor – Desperdiciando su dulce néctar en vez de guardarlo para sus amantes – Alex abrió los ojos y correspondió la sonrisa de su padre. Su dramatismo era encantador. – Estás hecho un asco – continuó Héctor – Tendré que limpiarte.
   En un ágil movimiento Héctor se inclinó y comenzó a lamer el glande de su hijo, quien gimió satisfecho.
   -¡Pero por favor, padre! – agregó Alex entre risas y gemidos e intentando igualar el tono dramático de Héctor - Tengo tanto para dar… Además mi néctar no se compara con el tuyo; es como un buen vino añejado con la edad. En comparación el mio es dulzón en insípido – agregó el chico relamiéndose los labios.
   - He oído eso antes – replicó el padre mientras acicalaba a Álex con la lengua – sin embargo creo que el tuyo es mejor. Si, es un néctar joven, pero de buena cosecha… Además – agregó mientras limpiaba algunas gotas de semen acumuladas en el pezón de su hijo – el sabor me parece familiar.
   - ¡Pero claro! Es de familia.
  Nuevamente unieron sus labios y sus cuerpos. Sus pieles se ungieron en sus jugos de placer, haciendo cada caricia mas intensa y placentera. Álex acercó sus labios al oído de su padre y tras morder juguetonamente su lóbulo, le susurro ansioso:
   - Héctor… Papá… Quiero tenerte dentro de mi. Quiero que me penetres. Quiero que me llenes con ese mismo miembro con el que me concebiste. Deseo llevar tu semilla dentro de mi. Bendíceme con ella, aliméntame con ella. Hazme un hombre. Hazme tu hombre .
   Mientras hablaba, Álex colocó sus piernas alrededor de la cintura de su padre, para después extender su mano y tomar el miembro incandescente de Héctor y apuntarlo hacia sus entrañas. Héctor se sorprendió al escuchar en labios de su hijo el deseo que lo corroía por dentro. No necesitaba mas: era ahora o nunca. Tras afirmar las rodillas en el sillón, empujó su cadera y enseguida sintió como la cabeza de su pene impactaba contra el aún virgen ano de Álex. El chico suspiró con placer al notar el contacto y asintió sutilmente incitando a su padre a continuar. Dándose por enterado, Héctor comenzó a empujar con más fuerza, logrando introducir el glande de un golpe. Álex gritó. Su rostro, antes tranquilo, ahora mostraba un gesto de dolor
   - Tranquilo hijo, es parte del proceso - susurro Héctor mientras besaba amorosamente el rostro de su hijo – Relájate, pronto pasara - Álex asintió nuevamente y Héctor reanudo su labor tal lenta y suavemente como le fue posible. 
  Una dulce tortura lleno el cuerpo de Héctor. El deseo de penetrar a su hijo era irascible e incontrolable. Si por él fuera habría entrado en el violentamente, de golpe y se hubiera saciado en sus entrañas hasta venirse. Sin embargo, también deseaba con locura que Álex disfrutara cada minuto, cada segundo y debía obsequiarle con el placer más grande que hubiera sentido; aunque eso significara que su miembro reventara de deseo.
   Al principio también resulto doloroso para Álex. Cuando la cabeza del pene de su padre estuvo dentro de él sintió un dolor terrible, casi como si se fuera a partir por la mitad. Todas las caricias y preparación que Héctor había practicado antes resultaron insuficientes. La verga de su padre era enorme y él era virgen. Sin embargo Álex no quería que se detuviera por nada del mundo. Ansiaba sentir aquel ardiente miembro completamente dentro de él y ahora sólo debía acostumbrarse. Estoicamente aguantó la acometida aferrándose alternativamente al sillón y a la espalda de Héctor y por fin, tras lo que le pareció una eternidad, sintió como los testículos de su padre se posaban sobre sus nalgas. Como resultado, ya estaba sintiendo cada centímetro de la virilidad de su padre bien adentro su ser.
   Por un momento se quedaron inmóviles, silenciosos y el único sonido en la sala era la respiración contenida de Héctor y los apagados gemidos de Álex. Preocupado por el bienestar de su hijo, Héctor besó una y otra vez su rostro, su cabello, sus labios, pero no se retiró ni un centímetro; no solo porque aquel apretado canal le brindaba un placer inmenso, si no porque su hijo le había pedido que lo convirtiera en su hombre, y si quería serlo, debía no solo soportar su miembro, si no disfrutarlo también. Así que dio el siguiente paso y con tanta suavidad como le fue posible, extrajo su miembro casi por completo para después volverlo a introducir con mucha lentitud. Alex bufaba y resoplaba, intentando relajarse, pero el dolor parecía no disminuir. De hecho aumentó cuando su padre comenzó a moverse. Podía sentir con claridad como aquel gigantesco pedazo de carne entraba centímetro a centímetro en sus entrañas para después retirarse dejando un enorme espacio vacío. Sin embargo, tras un par de acometidas, algo empezó a cambiar: inició con el espacio vacío que sentía cuando Héctor salía de él y le siguió una especie de tristeza, un ansia de volver a sentirse lleno. Luego, cuando volvía a entrar, el dolor lo destrozaba, pero cuando el firme miembro llegaba a lo más profundo, y cuando mas lleno de su padre se sentía, el bulboso glande tocaba un punto que al instante convertía todo el dolor en un placer de la misma magnitud, y cada vez que se repetía aquello, el placer era mayor y mayor, pronto sus quejidos se convirtieron en auténticos gemidos de satisfacción, su próstata bien maseajeada.
   Héctor notó que la tensión en el cuerpo de Alex desaparecía. 
   Lo había logrado. Había domado el culo de su hijo. Sabiendo que ya no le causaba dolor, comenzó a envestir una y otra vez, cada vez imprimiendo mayor fuerza y velocidad a sus acometidas; restregando su erecta virilidad contra las estrechas paredes anales de Alex. El placer era inexorable. Ya antes había tenido oportunidad de desvirgar a otros chicos, pero este era especial; y no solo por que era el más hermoso o porque fuera su hijo. Era algo más. Algo que tenía en la punta de la lengua y que aún no era capaz de expresar, pero de alguna manera sabía que en ese acto sexual, en esa comunión cuerpo a cuerpo padre a hijo hallaría la respuesta. 
   Esta dentro de mi, pensó Alex una y otra vez mientras sentía la cadera de su padre moverse como un pistón bien engrasado. Mi padre está dentro de mi, y ahora somos uno.
   Álex hubiera querido expresar estas palabras en voz alta, pero el placer que sentía había hecho colapsar la parte racional de su mente. Ya sólo era capaz de gritar de placer. Aquella sensación era única. Nada podía superarlo y de hecho quería más. Quería sentir a su padre dentro día y noche sin descanso. Buscando expresar su sentir extendió sus manos y tomo las palmas de de Héctor para después estirar el cuello y besar los labios de su padre. Así, con las manos, labios y sexos unidos experimentaron juntos el orgasmo. El pene de Héctor se endureció aún mas y su grosor pareció aumentar por momentos, al mismo tiempo que un espasmo recorrió su cuerpo. Álex, antes de gritar, pudo ver como su padre cerraba los ojos y contraía su rostro, en un gesto que podía ser de dolor o de placer. Su respiración se agitó aún más y la cabeza de Álex se saturó al escuchar el profundo y varonil gemido que su padre dejó escapar. Casi parecía que su pecho iba a explotar, mas lo que estallo fue el miembro de Héctor. Álex lo sintió con claridad. Su engrosado miembro comenzó a eyacular chorros y chorros de ardiente semen. Era como si lo llenara de ardiente lava. Esta sensación detonó el orgasmo del chico. Su propio miembro disparó sus fuegos artificiales, sin ni siquiera tocarse, bañándolo a él y a su padre con su blanca esencia. Para ambos el orgasmo fue épico. Durante un rato se quedaron ahí tumbados, uno sobre el otro, sucios, sudorosos, agitados y muy complacidos.
   Héctor fue el primero en moverse. Intentó retirarse del interior de Álex, pero el chico no lo permitió. Apretó con sus piernas y se aferró a la espalda de su padre. Extrañado, Héctor miró a su hijo y sus ojos le mostraron un febril placer que lo amedrentó.
   - ¡No, no te vayas! – suplicó Álex – Si sales de mi vas a dejar un vacio que nadie podrá llenar. Quiero tenerte así siempre, dentro de mi. Eres el único que me haría sentir tan… completo. Papá, ¿en dónde has estado todo el este tiempo?
   Álex por fin había podido expresar lo que sentía. 
   Héctor entendió y sonriendo susurró:
   - Así que era eso- Pensé que te estaba haciendo mío, pero en realidad el que me poseyó fuiste tu – Álex sonrió en respuesta – Pues entonces que así sea. Ahora eres mi hombre y yo soy el tuyo.
   Un nuevo beso selló este pacto y mientras sus lenguas se acariciaban, Álex sintió en sus entrañas el pene de su padre adquirir nueva fuerza. Sin romper el contacto se levantó del sillón encaramándose sobre su padre y quedando a horcajadas sobre su regazo. Ahora era su turno, el tenia el control, esta vez seria el quien le hiciera el amor a su padre.
   Toda la situación tomó a Héctor por sorpresa. Cuando lo notó, Álex ya lo estaba montando. Su pene aun estaba dentro de él y el chico subía y bajaba buscando más placer. Álex se movía como si bailara, con gracia y sensualidad, restregando su tibia y húmeda piel contra la de Héctor, acariciando su cuerpo, apretando sus músculos anales al compás de sus movimientos, en busca de los puntos de placer de su padre. Ya no era un muchacho. Su hijo se había convertido en la pasión encarnada y como tal, buscaba ser satisfecha. Héctor se dejo llevar; el erótico movimiento de las caderas de Álex lo conducía lentamente por la senda del placer. Orgulloso miró a su hijo, tan hombre, tan hermoso, pero tan joven. Nuevamente besó su pecho, chupó sus pezones, limpió su piel del sudor y de las anteriores venidas. Una vez mas comprobó que no había manjar más delicioso que la semilla de su hijo. Goloso, rebuscó las gotas esparcidas por el torso de Álex y las devoró.
   Padre e hijo sintieron como el mundo y el tiempo se detenían y dejaban de existir, quedando solo ellos dos. Nuevamente llegaron al orgasmo juntos. Esta vez mas que una explosión fue como una dulce lluvia. Álex sentía el semen y el miembro de su padre dentro de él y pensó que no habría nada más glorioso en el mundo. Por su parte, Héctor vio como los ojos de su hijo reflejaban una luz especial, una luz que le entibiaba el pecho y lo llenaba de agradables sensaciones. En ese momento lo entendió. Aquella satisfacción, aquel estático placer no tenía que ver con el sexo si no que lo complementaba… Ahora ya sabía qué era y su alma tembló.
    - Te amo Alejandro – susurro Héctor, verbalizando su idea sin darse cuenta.
    - Yo te amo también papá – respondió Álex sin dudar.
   - ¿Sabes hijo? Es triste aceptarlo, pero acabo de darme cuenta… Es la primera vez en mi vida que hago el amor.
    - Me da gusto, saberlo. Fue la primera vez para mi también.
  Se besaron nuevamente. Ninguno quería romper el íntimo contacto. Sin embargo Héctor sintió una extraña inquietud que se tradujo en miedo. Ya pasada la tormenta de pasión, las dudas comenzaban a rondar su cabeza ¿Sería el amor que sentía suficiente para acallarlas?
   - Álex ¿Qué vamos a hacer? -preguntó su padre.
   - Amantes, vamos a ser amantes – respondió Álex.
  Y un beso selló esas palabras.
 FIN.
AUTOR: N. Argueta.
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Envíen su relatos a: umbral_1@yahoo.es
Revisen puntuación y gramática, por favor.

domingo, 22 de mayo de 2016

Like father like son. (Partes 1º y 2º)


Like father like son (2015 -Titanmen Studios) NO ES un film de Joe Gage, ni tampoco lo pretende. Y una vez más, todo lo que vas a ver aquí ya lo habrás visto antes, incluido a uno de los chicos, Luke Adams, del primer Son Swap. Y lo siento por el spoiler, pero de nuevo estamos ante otro intercambio de algo, que aunque planteado de manera diferente al de la película antes citada, no deja de ser exactamente la misma cosa, por mucho que su director, Jasun Mark, pretenda mostrar más bien un intercambio de padres. Morbo hay -David Anthony-, buenas escenas de sexo también, y no faltan litros de mecos, como dicen en México (lefa, leche, semen...) No obstante, el resultado final es más de lo mismo. Y muy a pesar del título, cuya traducción más acertada no sería Como padre e hijo, sino más bien, De tal palo, tal astilla.

Kaleb King, David Anthony, Casey Williams y Luke Adams.
Kaleb King y Luke Adams son dos colegas (cuates, pibes) que casualmente son amantes. A ambos les encanta chuparse las vergas el uno al otro. Y coger -follar- (¿y a quién no?) Una tarde, estando en casa de Adams, son sorpendidos en plena jodienda por el padre de éste, Casey Williams. Los dos chicos se las arreglan para disimular muy bien lo que estaban haciendo ante Williams, quien les recuerda que, tras el gimnasio -por supuesto, y como quiere el tópico, ambos chicos son ratas de gimnasio- pues que no lleguen tarde a casa. En la siguiente escena, cuando se supone que los chicos están de camino al gimnasio, Williams habla por el whatsup a través de su teléfono móvil con su hijo, y nos enteramos de que Adams y King han olvidado su bolsa de deporte y que planean dar media vuelta e ir a recogerla. Entonces aparece en escena el padre de King, el gran David Anthony quien, sediento, comienza con una cerveza y termina merendándose sexualmente a su amigo Williams.
Pero vayamos por partes.
Kaleb King, chupado por Luke Adams.
La primera de las cuatro escenas de esta película comienza in media res, es decir, de golpe y porrazo, sin presentaciones previas. Esto no impide percibir que los chicos no son tan chicos, sino más bien algo maduritos: los 23 añitos de Luke Adams se notan, pese a su carita de niño y su empeño por parecer un chaval de 18. El efecto es aún mayor en Kaleb King, quien ya casi roza los 30. Nada que objetar: en el porno, fuera niños y cuando más creciditos, mejor. Así pues, y tal como apuntaba más arriba, Kaleb King y Luke Adams, se besan, se chupan y comienzan una buena jodienda hasta que son interrumpidos por el padre de Luke Adams, quien, además de dejarse ver, le recuerda a los muchachos que no lleguen tarde el gimnasio. El papel del papá de Lucas recae en Casey Williams, actor que ya había trabajado y se había trabajado además, a Kaleb King haciendo de su hijastro en la nicanoellada intitulada The Stepfather2. Tras este polvus interrumptus, la escena nos lleva a la cocina de la casa, con Williams hablando por el whatsup con su hijo, el cual se ha dado cuenta de que olvidó su mochila con los enseres del gimanasio y planea volver a buscarla. Y en esa estamos cuando irrumpe en la cocina el polludo de David Anthony, amigo de Williams y padre de Kaleb. Ambos hombres se atraen, es un hecho. Ambos hombres se gustan, no hay duda. Y su férrea heterosexualidad cae sin remedio cuando ambos hombres se descubren a si mismos besándose y chupándose sus vergas. Y sólo cuando David Anthony se culea a Williams, ambos chicos, ya de vuelta, descubrirán a sus propios padres cogiendo entre ellos...





La segunda escena de la película, sólo recoge el frenético polvo entre los padres de los chicos. Sospecho que esta escena se editó aparte para figurar fuera del DVD, o en la web de Titanmen. Pero hay que añadir que, viendo a sus padres follando entre ellos, los chicos se plantearán un reto importante... Ahora que saben que sus propios padres son también gays como ellos, el reto consistirá en que cada uno de los muchachos deberá follar con el padre el otro. Ni más ni menos. O más de lo mismo. No es un intercambio de hijos. Quizá sea un intercambio de padres. ¡Qué más da! No es original, ni nada que no hayas visto ya.





NOTA: Ambos vídeos contienen pop-ups previas. Tras ellas, los vídeos podrán verse sin mayores problemas.

domingo, 15 de mayo de 2016

Tres





Esta escena de TRES, este threesome, es una de las escenas de la película Kept (Falcon Studios) dirigida por -OMG!- la/el inefable Chi Chi la Rue. Y Kept (participio del verbo inglés  to keep) admite como traducción al español, entre otras muchas, la voz guardado. ¿Guardado dónde? En el armario, claro -in the closet- ¿Dónde si no? Por suerte esta película se editó en 2004, año en que se abrieron muchos armarios por todo el mundo, muchos más de los que uno hubiera imaginado jamás. Y así, los amantes de este película mantienen su amor guardado en el armario, lejos de las miradas ajenas, en secreto, sólo para ellos. Dado que la especialidad de Chi Chi la Rue es la coctelera, le ha salido una película variadita: rimming, tíos tatuados, orgías, tríos y un poco de joven/maduro, algo que nunca falta en los films de este/esta director/directora.

Los chicos de esta escena son, Kent Larson (el tipo sentado en el sofá)  Leo Bram y el jovencito (es un decir) Bobby Williams. Estos dos últimos amantes despechados a causa del primero... ¿Qué solución hay? ¿Pueden reconducir su vida amorosa Bram y Williams? ¿O deberán compartir el amor que sienten hacia Larson en forma de relación abierta, que en la cama se trasnformaría en un trío? No lo sabemos, y nos remitimos a la frase publicitaria de Kept, con que la que anunció en 2004. Y la frase dice así: los caminos del verdadero amor tienen muchas distracciones...







Gracias a A. Miranda por su sugerencia.
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