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lunes, 30 de diciembre de 2013

OH BROTHER. Feliz año.

Amigos, hace mucho que no colaboro con el blog, espero ponerme al día. Saludos a todos y felicidades. Espero que esta peli les guste.

Momentos de ¡FIN DE AÑO!

¡Feliz año nuevo para todos SINMANÍACOS!

Momento sumiso.

Momento de doble ración.

Momento... ¡Empalado!


Momento para... ¡Cabalgar!

Momento particularmente lamido.

Momento familiar. Ninguna duda.

Momento... sofá.

martes, 24 de diciembre de 2013

Sunburn, por Bruno B.

El regalo grande en estas navidades fue la peli de Dad gets into trouble. Vamos ahora con el regalo más pequeño ahora que Papá Noel, Santa Claus, el tipo gordo de la Barba Blanca vestido de rojo, o como le quieran llamar, está generoso.
Sunburn o Quemadura solar (más bien 'calentura solar', correctamente llamada insolación) es una tira de Bruno B., autor que tiene muchos adeptos sinmaníacos, yo lo sé. Para los lectores europeos me imagino que les resultará inconcebible una Navidad a pleno sol en la playa. Para los lectores americanos, especialmente los de los paises del cono sur suramericano, o aquellos bañados por el mar Caribe, puede ser algo natural: la Navidad también se festeja en la playa. 
¡Así que felices fiestas para todos!









sábado, 21 de diciembre de 2013

Mi papá militar (My army dad) -Relato

El siguiente relato es una traducción libre de My army dad, publicado orginalmente -al menos que yo sepa- en 1998 en la web de relatos eróticos Nifty stories. Comencé la traducción sin terminar de leer el relato. A la mitad me di cuenta de que me estaba quedando demasiado largo para publicarlo en blogger. Pido por ello disculpas.  No por publicarlo, sino por el formato tan incómodo de leer. Por supuesto, he añadido cosas de mi cosecha al relato, y he suprimido otras. Espero no cansaros. Saludos.



Mi papá  militar. (My army dad, by Man45yearsold)

Ahora a mis 18 años recuerdo una historia muy especial de aquellas que sólo suceden entre hombres. Y es muy especial porque sucedió entre mi padre y yo.
Cuando yo era un muchacho de apenas 15 años mi papá era sargento en el ejército. Estaba destinado en Fort Sill, Oklahoma.  Ahí vivíamos. ¡La de veces que mi padre me llevaba fuera de la base por un corte de pelo, o simplemente de compras  y a comer una pizza! Teníamos que atravesar las ondulantes colinas de Oklahoma cociéndonos al sol de la tarde.  Recuerdo que al salir de la base yo siempre estaba al acecho de los tanques, mientras me reclinaba en la ventanilla abierta del coche,  y el aire caliente soplaba directamente sobre mi cara. De vez en cuanto me fijaba en algún tanque renqueante  moviéndose junto a los hombres envueltos entre el polvo que este levantaba a su paso. Mi visión del ejército,  a esa temprana edad, era tan ingenua como romántica.  Para entonces yo ya sabía que me atraían los hombres. Muchas noches en mi cama de adolescente, fantaseaba sexualmente antes de dormirme,  con Ben Affleck en Pearl Harbor o con George Clooney en Tres Reyes o con el Sargento de la serie de televisión Hazañas Bélicas. Como véis, mi imaginación era muy cinéfila. Pero sin lugar a dudas me atraía mi papá, quien en todas mis fantasías siempre era el mejor sargento. Y aunque en realidad no comprendía totalmente mi sexualidad, si sabía que me atraía la desnudez masculina y mi cuerpo desnudo más deseado era el mi propio padre.  Y como entonces él no era nada modesto, por suerte para mi,  tuve muchas oportunidades de contemplar la desnudez de su cuerpo sin tener que salir de casa.  Apenas entrado en sus cuarenta, mi papá era aún un hombre robusto, de estómago plano, y peludo en la mayor parte de su cuerpo ¡Hasta incluso presentaba algunas matas de pelo negro en el dorso de sus dedos! A mi me parecía el hombre más sexy del mundo.
Un día llegué del instituto y le hallé recostado en su sillón, con sus pies apoyados en un taburete cercano.  En la mesita contigua, cuatro latas de cerveza arrugadas delataban que había estado bebiendo. Mamá no se hallaba en casa. Se marchó en la mañana temprano, a cuidar del abuelo que vivía con la abuela, en Kansas City. Yo sabía que mi papá dormía a pierna suelta la mona, así que sigilosamente deposité mis libros y demás material escolar sobre la mesa de la cocina y volví hacia donde estaba él. Permanecí de pie a su lado, en silencio, contemplando absorto el vaivén de sus manos apoyadas sobre su henchida barriga cervecera, meciéndose al ritmo de su pausada respiración.  Vestía una sudada camiseta blanca y llevaba puestos sus pantalones del ejército así como calzadas las botas de combate.  Como empujado por un resorte me arrodillé frente a él y le acaricié suavemente el vello de sus brazos. Me sentí extasiado al hacer eso y me encantó la sensación del roce de sus vellos bajo la palma de mi mano. Pero de pronto, mi papá tosió un poco, y abriendo sus somnolientos ojos pareció tomar consciencia de dónde se hallaba tras la ingesta del alcohol. Me miró sorprendido y dijo:
-¿Qué estás haciendo, hijo?
Sonreía.
-¿No le traerías una cerveza a tu padre, muchacho?
-¡Claro, papá! –contesté yo fastidiado, saliendo a toda velocidad de mi encantamiento. Y como a mi me gustaba hacer cosas por mi padre, me marché a la cocina a por su cerveza. Cuando me fui a por ella, sus ojos se cerraron de nuevo. Al regresar, estos se abrieron de nuevo, justo cuando le entregué la fría lata de cerveza.  Él retiró la anilla, y acercando la obertura de la lata a su boca, tomó un largo trago y suspiró. Luego, tras depositarla en la mesita, junto a las demás latas arrugadas, alzó su brazo y al hacerlo arrugó el rostro:
-¡Vaya, nene! – exclamó arrugando también su nariz- Creo que ha llegado la hora del baño para papá. ¿Me ayudas a quitarme las botas, hijo?
Yo ni siquiera le respondí. Simplemente agarré su pié y sentándome en el taburete, coloqué la primera bota sobre mi regazo y comencé a aflojar las largas correas cerosas. A medida que el cierre se fue abriendo, el más embriagador de los perfumes de su sudado pie llenó mis fosas nasales. Su pie no apestaba, sólo olía ligeramente a sudor. Y procesando aquel olor en mi cerebro mi polla de quince años se encendió.  Aún así yo no perdía concentración con lo que estaba haciendo. Y cuando me pareció que las correas de sus botas estaban lo suficientemente flojas tiré con todas mis fuerzas. La bota salió sola, y con ella el calcetín blanco que usaba mi padre, el cual cayó sobre mi entrepierna. En este punto, mis jeans se habían convertido en una tienda de campaña que hervía. El punto de ebullición subió de golpe cuando mi padre agarró el calcetín húmedo para meterlo en la bota vacía… ¿Notó mi erección?  
-¡Vamos nene, la otra! –exclamó mi padre medio dormido.
Repetí presto la operación y al salir la bota, su pie se encastó directamente sobre mis huevos. Fue un golpe muy suave, no hubo dolor. Pero extrañamente pude notar como los dedos de sus pies se movían nerviosos sobre mi bragueta… ¿Qué hacía? ¿Trataba de cerciorarse de mi erección? Pronto escuché el click de la hebilla de su cinturón y entonces mi padre me pidió que le ayudara con los pantalones. Ya se había desbrochado el cinturón y los botones de su pantalón. Retiró sus pies de mi regazo mientras aún se removía los pantalones. Estos se deslizaron hacia el suelo cuando él levantó su prieto culo del sillón y yo me senté directamente sobre el parquet del suelo contemplando su porte militar. Mi papá sonrió un poco. Era una media sonrisa que se ensanchó un poco cuando me tendió su brazo para que yo me levantara del suelo.
-¡Estas sudando, hijo! –dijo él aún con su media sonrisa a cuestas. ¿Acaso estás agotado? –me preguntó. Y a continuación se llevó una mano a su entrepierna,  restregándose casualmente el bulto masculino en sus bóxers.  Yo ya estaba a cien. Hervía por dentro. Mi corazón de adolescente se aceleraba, desbocado en mi pecho, ante la visión del bulto de mi padre, invocado mil veces en mis fantasías.
-Y ahora ayúdame –me ordenó él ajeno a mi calentura.
Entonces se sacó la camiseta, mostrándome el espectáculo de torso peludo, mientras bostezaba un poco, agarrándose el vientre hinchadito de cerveza con ambas manos.  En medio de otro bostezo dejó caer su sudada camiseta al suelo y se dirigió con paso inseguro al cuarto de baño. Fue ahí cuando me di cuenta de que mi papá estaba un poco ebrio.  Y no se cómo fue, pero le seguí sin esperar nada más. El me hablaba del tiempo, de lo caluroso que había sido el día, de la base militar, de su trabajo… En fin, poco a ningún interés tenía aquella conversación… Pero yo me aseguré de que siguiera con la plática aún a riesgo de me echara de allí. Cuando lleguemos a las baldosas azules, frente a la bañera, mi papá se quitó sus bóxers sin ningún pudor y se sentó en la taza del inodoro, no antes de que yo le echara un vistazo fugaz a su polla.  Me encantaba su rabo.  Carnoso, fuerte como él, y un poco grueso.  Y mientras él orinaba, yo me preguntaba una vez más como era posible que pudiese hacer sus cosas, así sin ningún tipo de vergüenza, estando yo delante. Llegué a la conclusión que mi padre, como militar profesional, estaba acostumbrado a hacerlo todo rodeado de otros hombres. Y con esos pensamientos abrí el grifo de la bañera y dejé correr el agua.
-¡No muy caliente, por favor! –me pidió él. Y le obedecí jugando con los grifos intentando buscar la temperatura adecuada para su baño.




Cuando la bañera estuvo medio llena,  él se levantó de la taza del inodoro, y sorteando sus boxes tirados en el suelo, bostezó de nuevo alzando ambos brazos a la vez, exponiendo nuevamente su velludo torso. Eso me dio una nueva oportunidad de contemplar su polla, imaginando las escenas que añadiría esa noche a mis fantasías sexuales de antes de acostarme, en las que él sería el protagonista más exclusivo. Yo no sé si él se dio cuenta de que yo le miraba, pero me sonrió vagamente antes de entrar en la bañera. Sus ojos brillaban, o eso me pareció. Una vez dentro del agua, se estiró cuan largo era y cerró los ojos. Permaneció ahí un rato, con los ojos cerrados. Y yo miraba absorto su flácido miembro viril que parecía flotar y mecerse en el agua caliente. Quizás para romper el hechizo de tan calenturienta visión le pedí si le podía frotar la espalda, como solía hacer yo cuando era pequeño.  Accedió, pasándome una esponja enjabonada, al tiempo que se reclinaba en la bañera para que yo pudiera acceder a su espalda peluda. Ahí bajo, la grieta de sus nalgas sobresalía del agua de una forma cautivadora, como un accidente geográfico en la costa. Pese a ello, comencé a enjabonarle su espalda muy despacito y papá dobló sus rodillas y recostó su rostro en ellas mientras se dejaba hacer. Mientras le frotaba la espalda me quedé pensando en lo afortunado que era tener un padre tan guapo y acaso tan sumiso. Al poco los reflejos de la luz fluorescente sobre el agua me mostraron de nuevo su  polla flotando en el agua… Pero de pronto, él se recostó de nuevo y sonriendo me agarró la mano con la que sostenía la esponja y la acercó hasta su pecho. Nunca antes lo había hecho y frotarle el pecho a mi padre podría ser una experiencia tan espectacular como lo había sido frotarle su espalda. Así que bueno, me dejé llevar y me sorprendí a mismo poniendo más gel de baño en la esponja, para ir pasándosela por ambos lados de la cara, bajar por su cuello, continuar por sus hombros y afrontar su velludo pecho. Mi polla estaba dura como una roca. Me dolía la erección.  Y preocupado como estaba yo por mi propia polla, no me di cuenta de lo que le estaba pasando a él al llegar a frotarle sus pezones con la esponja enjabonada: tenues gemidos de placer escapaban de su boca. Sonaba parecido a como cuando yo me hacía una paja. Quiero decir que yo también gemía un poco ¡Aquello era increíble! ¡Mi propio padre! ¿Realmente a los hombres les gusta que les soben los pezones? A mis quince años de edad yo no lo sabía aún. Pero quise averiguarlo.
Tomando ahora el jabón entre mis dedos se lo apliqué directamente sobre sus pezones, frotando sus tetillas entre mis dedos. Nuevos gemidos me confirmaron que en efecto, a los hombres, por los menos a algunos y entre ellos a mi padre, les gusta que les acaricien los pezones. Por si no estaba lo suficientemente convencido de ello, ahora su polla, erecta, emergía del agua como una culebra.  La mía, en los confines de mis jeans, iba a reventar ella sola. Y bien sabía Dios que otro tanto de lo mismo sucedería con mis huevos.
Debí de dejar escapar algún gritito ahogado imaginándome que eso podría llegar a ocurrirme.  Ya no sabía lo que hacía, hasta que la voz de mi padre llegó a mis oídos, alta y clara.
-¡Vaya, vaya! –exclamó él con su media sonrisa, y una mirada algo vidriosa- ¡Si parece que a ti te guste mirar la verga de tu padre!
Por su tono de voz no alcancé a saber si me estaba regañando, o si simplemente se trataba de una observación surgida en un destello de lucidez. Así que fui sincero en mi respuesta sin calcular en las consecuencias.
-Me parece que así es, papá- le contesté. ¡Y se te ha puesto bien dura! –añadí.
-¿Acaso la tuya no se te pone bien dura a veces, hijo? –me preguntó él sin cambiar de postura, aún recostado en el agua- Con tu mamá fuera estos días, no se necesita mucho para que se ponga así, hijo mío –murmuró



Silencio entre los dos, sólo rato por algún chapoteo ocasional. Y en medio de eso, nuestros ojos clavados en los del otro.
-Y en algún momento tendré que pajearme, como haces tú –dijo él-  ¿No querrás ver eso también, no? Yo ni siquiera pensé que él se masturbaría ahí mismo en la bañera, frente a mi, recostado en el borde. Pero sí tenía muy claro que de hacerlo, me gustaría mucho llegar a verlo. Olí su aliento a cerveza y me pregunté si acaso era ésa la razón por la que me había dejado seguirle hasta el baño, enjabonarle la espalda, jugar con sus tetillas…
Entonces con un movimiento rápido, casi marcial, saltó del agua y agarrando una toalla colgada en la pared se secó sin muchos miramientos… Su pene seguía igual de duro, grueso, apuntando al techo… Le seguí hasta su habitación. Ahí las fotos de mi madre, colocadas sobre la mesita de noche, me hablaron de culpabilidad, así que las empujé a un lado. Él lo vio y dijo con voz fuerte:
-¡Esto es entre tu y yo muchacho! Es nuestro secreto.
Y señalando las fotografías apartadas añadió:
-¡Tu madre nunca jamás debe saber nada sobre esto! ¿Estás de acuerdo? ¡Esto es entre hombres!
-¡Claro papá! -asentí. ¡Dios! Me notaba hervir por dentro. Mi polla dolía, y mis cojones reventarían y si no pasaba gran cosa, saldría corriendo de su habitación para encerrarme en el baño y hacerme el padre de todos los pajotes… Pero mi papá se sentó al borde la cama y yo me quedé en pie casi rozando mi rodilla con la suya. Su esbelto cuerpo peludo olía a baño, olía hombre, olía a mi padre… El abrió un poco sus muslos como haciéndome la ofrenda de su propio sexo, alzado al aire, duro, grueso y caliente.
-¿Quieres tocarme, hijo? –preguntó en un susurro.
Y asiendo mi mano, la guió hasta el tronco de su pene, el cual pareció palpitar un poco cuando lo toqué. Él suspiró y yo agarrando su virilidad inicié un leve movimiento de vaivén. Suspiró profundamente, pero entonces puse mi mano sobre su húmedo prepucio, y haciendo movimientos rotatorios sobre su glande con una mano, con la otra tiraba del tronco de su rabo arriba y abajo…
-¡Ostia hijo qué bueno! –suspiró él.
Pronto unas gotas de líquido pre-seminal surgieron  espontáneamente del orificio uretral.  Asustado, pensé que mi padre se estaba corriendo… ¿Ya? ¡Pero si no había hecho gran cosa aún!
-¡Mmmmh! –gimió - ¿No te gustaría que te enseñara cómo hacerme un buen pajote, nene? –me preguntó con voz soñadora.
-Pon tus manos alrededor de mi polla, como hiciste antes muchacho –me ordenó- Y ahora muévelas arriba y abajo muy suavemente…
Yo hice lo que me pedía, moviéndome como un autómata. Tal vez fue el uso de la palabra polla. Era la primera vez que oía a mi padre decir esa palabra delante de mi. Y eso me excitó aún más. En mis pantalones, mi rabo luchaba por reventar los botones del cierre de mis jeans, y no era una sensación muy agradable.  Pero mientras tanto,  y ajeno a mis ansías juveniles, mi papá puso sus manazas peludas sobre las mías, y me guió en el ejercicio masturbatorio para mostrarme  tal y como a él le gustaba que se lo hicieran.
-¡Oh hijo mío, qué rico se siente! –suspiró- ¿Te gusta hacerme esto, nene?
Yo simplemente asentí y continué con la faena. Para mi sorpresa, vi como de nuevo dos gotas de precum se habían formado en la punta de su polla.  Iba a restregar esas gotas con el dedo sobre su glande cuando mi padre me detuvo y dijo:
-¡Ahora quiero que me la chupes, muchacho!


Me dio un vuelco el corazón. ¡Cuántas veces en la soledad de mi cama, con mi polla tiesa y dura, había imaginado la misma escena! ¡Mi padre ofreciéndome su gruesa verga para que se la mamase! Y ahora mi fantasía iba a hacerse realidad. Me arrodillé entre sus velludas piernas y acercando mi cara a su entrepierna lamí aquellas gotas con toda la delicadeza de que fui capaz. La sensación de lamer su orificio uretral por donde había manado aquellas gotas casi me tumba. Después me lancé a lamer aquello que había sido mío en todas mis fantasías: su gran polla. Papá se sobresaltó, puesto que no esperaba aquello, y pronto comenzó a gemir muy profundamente.
-¡Oh nene, voy a correrme! –exclamó poco después.
Y su polla se sacudió violentamente.
-¡Me corro! –gritó
Yo me la saqué de la boca en ese momento, como quien escupe algo con pocos miramientos, pero pude ver como dos grandes chorros de semen blanco, salían disparados desde la punta su rabo. El primero aterrizó directamente en su cuello.  El segundo sobre su pezón derecho, como nata derramada sobre su torso. Un tercero y un cuarto cayeron sobre su estómago. Cuando eso sucedió me di cuenta de mi papá agarraba su pegajosa verga con ambas manos, y de ella aún manaba un poco más de lefa. Su estómago y su torso,  aparecían ahora pegajosos por la leche derramada, y por el sudor. El olor a sexo estaba en el aire, aunque su pene ya comenzaba a volver a su tamaño normal. Nunca en la vida hubiera imaginado que un hombre pudiera correrse de ese modo, lanzando esos chorros leche al aire. Ni siquiera en la más caliente de mis fantasías.
-¡Gracias hijo! –exclamó él – ha sido genial. Y ahora ven aquí.
Agarrándome del brazo, tiró con fuerza para que yo me pusiera en pie. A continuación me empujó sobre el borde de la cama, en un gesto que tenía muy poco de camaradería. Yo caí bocarriba, con las piernas abiertas. Me estaba incorporando cuando las manos de mi papá, que iban subiendo por piernas, se detuvieron en mi bragueta… ¡Me estaba sobando mi propio padre!
-¡Menuda tienda de campaña tienes ahí abajo, nene! –exclamó.
Y luego todo sucedió mi rápido: desabrochó los botones del cierre de mi pantalón y yo no opuse resistencia alguna. Introdujo sus fuertes manos en mi ropa interior y agarró mi polla, como si quisiera sopesarla.
-¡Papá qué haces! –exclamé entre asustado y agradecido porque al fin mi rabo había quedado liberado de la presión que ejercía la tela de mis jeans. Seguidamente hizo lo que pudo por bajarme los pantalones hasta la rodilla. Yo le ayudé arqueando un poco la espalda, facilitándole un poco la tarea.
-¡Vaya hijo! –dijo  firmemente contenplando mi verga tiesa- ¡Vas a reventar si alguien no pone remedio!
Y simplemente engulló mi polla hasta su base, sobre mis cojones. Yo sentí como electricidad recorriendo mis testículos, desde la base de mi verga hasta la punta, que cuando rozaba con su paladar me hacía estremecer sin poder controlarme. Ahullé de placer, en esa mi primera mamada, y me corrí, entornando los ojos con grito quebrado en mi voz de adolescente. Cuando los abrí vi que mi padre tenía nuevos chorros de leche resbalando de su cuello y pecho. ¡Mi propia leche!


-Y ahora muchacho, vamos a limpiarnos los dos – me ordenó.
Camino del cuarto de baño me dijo:
-¿Esto te ha gustado, hijo?
Yo asentí, mirando de soslayo hacia su polla lacia.
-¡Esto ha sido genial, papá! –fue lo único que se me ocurrió decir.
Antes de entrar los dos en la bañera, bajo la ducha, mi padre puso una mano sobre mi hombro, y me miró a los ojos serénamente, por primera vez. Tras un momento en silencio murmuró:
-Recuerda. Esto es entre tú y yo. Ni una palabra a nadie.
Y aún hoy que recuerdo aquella experiencia con él, me dan ganas de abrazarle. Pero no puedo. Hace unos dos años fue destinado a Pearl Harbor, en Hawaii. Mi madre no quiso acompañarle, alegando motivos familiares, dado que la salud de mi abuelo, el de Kansas City, había empeorado. Mantenemos el contacto por teléfono, y nos vemos un par de veces al año, y poco más. Aún así yo le sigo queriendo, y estoy decidido a seguir sus pasos en la carrera militar.

Recién ingresé en West Point.

Autor: Man 45yearsold y Watchingyou.

martes, 17 de diciembre de 2013

Una de dos hermanos: Bearbrothers.

Esto de va de amor fraternal; por si hay alguien de Burgos ahí que no entienda el castellano lo diré en su idioma: brotherly love.  Y es una sugerencia muy bienvenida de Marbellero, seguidor habitual sinmaníaco.
Comenta Marbellero desde el post anterior que estos hermanos son, bueno, que son hermanos de verdad. No son actores, no es un role playing -de nuevo un guiño a los Burgos- ni una de esas filmaciones de webcam baratas, mal enfocadas y pésima luz. Y añade que estos dos hermanitos tienen su página nada más y nada menos que en Xtube. O sea, que un par de amateurs.
Me he puesto a investigar y he aquí lo que he hallado que pueda ser de interés:
Nombre: Marcus Russo y Burno Russo.
Nacionalidad. Británica (del mismo Burgos no son)
Nombre de guerra. Bear Brothers o Los Hermanos Oso.

Marcus y Bruno Russo
Y para ir abriendo boca e inflando braguetas, he aquí el primer vídeo de los dos que vamos a visonar. Si, has leído tan bien como yo he tecleado: dos vídeos. ¿No son dos hermanos? Pues en este post, ración doble.





¿Y bien? Si crees que la cosa promete, note vayas muy lejos que aún hay más.
Estos dos señores, se hicieron famosos en el mundo del porno a partir de 2007 gracias a su página de Xtube, que echaba humo con tantas visitas. Este hecho, el que dos supuestos hermanos se gravasen a si mismos con sus teléfonos móviles o celulares haciendo sus cositas, y además que sus vídeos colapsaran los ya de por si maltrechos servidores de Xtube, pronto llamó la atención de otra web -hoy extinta- llamada Gaybear. Ahí quedó claro que eran dos amateurs del porno que, además de ser pareja, casualmente eran también hermanos... ¿Cómo lo vió
El caso es que desde Gaybear y con más medios, realizaron nuevos vídeos -algunos aún disponibles en su página de Xtube- y demostraron que más allá del morbo incestuoso, uno si se lo monta bien, puede ganar mucho dinero haciendo porno barato: entiéndase lo de barato, como sinónimo de pocos medios económicos.
Y ahora, no vamos a darle tregua a tu bragueta.
 Estás avisado.





Página web de los hermanos Marcus y Bruno Russo, los Bear Brothers, en Xtube:
Bear Brothers



viernes, 13 de diciembre de 2013

Dad gets into trouble (por fragmentos)

Viernes 13.2013
Justo a mitad de mes.
Y lo siento por el público anglosajón que nos sigue: en la cultura latina el viernes 13 no es el día de la mala suerte. Pero tampoco es el día de la buena suerte o lo que sea. Es simplemente un día más. Y como las aglomeraciones en los grandes almacenes por compras navideñas ya comenzaron, nos adelantamos a la Navidad y os traemos este regalo.


Aprovechad. 
Aprovechen la oportunidad. Hoy está en Xhamster.com y mañana ni se sabe.
Así que no perdáis el tiempo si queréis -si quieren ustedes- verla enterita, toda, todita.
Saludos sinmaníacos.
INTENTO DE TENER LA PELI COMPLETA.


domingo, 8 de diciembre de 2013

Momentos...


Momento...único.

Momento...familiar.

Momento... pasional.

Momento...sofá

Momento...pronfundo.

Momento...viajero

Momento...forestal.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

NO ES Daddy Muggs!

Lo siento, me he confundido. No es daddy Muggs.
Pero...este vídeo nos pone a 100, verdad?

Arcade on route 9 - Dad and son, glory hole scene.

Pues lo prometido es deuda. ¡¡¡La encontré!!!



ARCADE ON ROUTE 9 (2005) de Joe Gage -Titanmen- es el largo donde aparece la escena dad/son en un sexshop comentada en el post anterior. Para aquellos que no estén familiarizados con el término ARCADE (seguro que si porque en español la palabra se escribe igual, y entre sus muchos significados, uno es exactamente el mismo en inglés), decir que en USA se refieren al lugar donde uno renta una máquina recreativa (de videojuegos, etc) previo pago de unas de monedas, con esa palabra. Dichas máquinas recreativas están disponibles en espacios públicos de diversión.
Pero en algunos lugares de Latinoamerica o de España, se dice exactamente igual: la arcada, o el salón recreativo y todas las formas que se os ocurran. Pero el de la película de Joe Gage es especial porque es para adultos.
Dicha película se anunciaba así:
3 razones para comprar esta película:
-¿Estás listo para entrar?
-Sexo intergenarcional 
-Si hay algo que nunca  olvidarás es tu primera experiencia en un 'glory hole'





¡¡¡El 'glory hole'!!! ese agujero en la pared tan ridículo, anónimo y sucio que tan de moda estuvo en el porno de los 90 tuvo su revival a juzgar por el tono rimbombante que le dedican en esta película, y en otras de los primeros años 2000. Por todo ello, este es un film muy guarro, sin excuse moi por el uso de la palabra guarro y todos los sinónimos que se os ocurran. Y esta es la prueba de que en Sin Manías somos todos muy guarros, guarretes y guarrindongos... 
Antes de seguir adelante: mi consejo es que se alejen ustedes un poco más de lo habitual de la pantalla de sus ordenadores/computadoras... No sea que se escape algún lechazo o lefa voladora, desde las profundidades de los testículos de los tipos del vídeo, que les arruine la camisa... Dicho esto, sigamos adelante.



Brett Anderson
Matthew Matters
En ARCADE ON ROUTE 9 se intercalan historias que poco o nada tienen que ver una con otra, excepto que todas tienen lugar en el salón recreativo, suerte de sex-shop, aludido en el título... La escena que presentamos no resulta difícil de explicar: papá Brett  Anderson decide llevar a su hijo Matthew Matters al salón de marras de la ruta 9. ¿Motivo? Lógico: su muchacho acaba de cumplir los 18 años y pretende festejarlo por todo lo alto, haciendo de él todo un hombre. Y como si de un ritual de iniciación se tratara, el primer paso de la carrera del chico hacía su hombría es el glory hole
Y hasta ahí puedo leer, Mayra. 
El resto lo tenéis que ver. Este vídeo ya lo subimos en día al blog. Pero ya saben cómo son estas cosas de los vídeos en internet... La web que los aloja se cae, y desaparece... Pero acá lo recuperamos para vosotros.
Saludos.

martes, 3 de diciembre de 2013

La cosa va de... ¡¡¡PAJAS!!!

Masturbación grupal sin manías.
La cosa va de pajas.


Y es que un seguidor anónimo del blog, como siempre, nos sugería este vídeo, y apuntaba que en él aparece Allan Silver, ya sabéis, el madurito papá de Dad takes a fishing trip o Dad goes to College.
Pues nada, me puse a investigar sobre este escena y averigué ciertas cosas que paso a comentar...
Primero, este corte pertenece al largo Chainsaw (2008) -¡¡¡La motosierra!!!- filme dirigido ni más ni menos que por Joe Gage y estrenado en 2008 por la productora Titanmen. Que no cunda el pánico: nada que ver con 'La Matanza de Texas'.


Chainsaw, que no he tenido el placer de ver, precede a Dad takes a fishing trip en la filmografía de Joe Gage y a toda la colección de Doctors and Dads de la serie Sex Files. Me hubiera atrevido a decir que esta era la primera escena en la que Joe Gae mete a un padre junto con sus hijos -en la ficción- para participar juntos en una escena de sexo. Pero no, eso sucedió por primera vez de forma descarada en Arcade on route 9 (2005), cuya escena, que en su día subimos al blog, y de la que nunca más supimos, en la que un padre lleva a su hijo a un sex-shop enorme para que mediante el glory-hole se la mamen rico, estoy buscando desesperadamente. Como sea, el punto de partida aquí es otro.

Brandon Cole
Riley Burke

¿Qué puede suceder cuando un padre curioso escucha ruidos extraños -o no tan extraños- a través de la puerta del cuarto de sus hijos? Pues en principio no puede suceder gran cosa... Bueno, si el papel de hijos recae en Riley Burke y en Brandon Cole nos alegraremos la vista... A no ser que este padre, nuestro Allan Silver, abra la puerta y se encuentre con sus dos hijos en plena masturbación.  Y es entonces cuando este padre, fingiendo una total sorpresa, por no hablar del pasmo de la situación, preguntará que qué esta sucediendo ahí dentro, como si ver a sus dos hijos con sus rabos hiniestos en plena plena paja fuera lo más normal del mundo... Es entonces, y sólo entonces cuando lo único que procede es unirse a la paja.
¡Felices pajas para todos!







viernes, 29 de noviembre de 2013

Compartiendo la cama (Relato) -Parte 1. Por Devilman

Amigos sinmaníacos: mandadnos vuestras cosas; vídeos, relatos, etc. 
Bajando hasta el final de la página del blog, encontrareis la sección ADMINISTRADORES del blog. Podéis hacer click en cualquiera de los dos perfiles, para usar el email y mandarnos vuestras cosas. Eso hizo en su día Devilman, seguidor del blog, y ahorita publicamos su relato.

COMPARTIENDO LA CAMA.
Por Devilman,

-¿Y? … ¿Qué te parece? – dijo Esteban con ansias – ¿Ya te sientes con más confianza? –
Asentí con la cabeza, aunque la verdad el concepto entero no me provocaba mucha confianza de verdad. Esteban, mi amigo, me había invitado a ese sitio después de que le conté sobre mi primera vez. Dijo que sería divertido, que saciaría muchas de mis ansias y que siempre guardara el secreto al respecto.
Se trataba de un grupo de amigos, o club no oficial, que hacia reuniones en la casa de alguno de los miembros. Aunque a primera vista era difícil discernir qué uniría en “amistad” a estas personas. Había hombres de mediana edad, algunos de traje, otros de apariencia más informal y rustica.  Había jóvenes de todo tipo y edades que no parecían conocerse fuera de este ambiente. Lo único que los unía a simple vista era que todos eran hombres con un gusto muy particular por su familia y ahora yo estaba incluido en ese grupo para contar mi primera experiencia sexual.
…Catorce años atrás me encontraba a mi mismo atrapado en unas vacaciones familiares que no pintaban nada bien. Por primera vez, mis padres no irían;  pero si mi tío, su esposa, mi tía y su hija. Yo por otro lado tenía la cabeza llena de preocupaciones por la escuela, salidas con los amigos, cómics,  videojuegos y las hormonas a tope. Lo último que quería era pasar un fin de semana con la familia. Nuestro destino: la isla de Cozumel, un paraíso en el mar Caribe… Lugar correcto en el que estar, compañía equivocada. O al menos eso era lo que me figuraba ya que no nada sabía sobre la distribución de las habitaciones: las tres chicas en un cuarto y los dos chicos en otro. Y no solo eso; debido a sobrecupo del hotel, las dos habitaciones eran de una sola cama matrimonial…
Mi tío Enrique es el hermano menor de mi madre y, como suele pasar con los tíos, me fue muy fácil tomarle cariño. Siempre me encantaba cuando nos visitaba o cuando se ponía a jugar conmigo y ese cariño no disminuyó para nada ahora que yo ya estaba más grande. Al contrario, me causaba una erección de vez en cuando recordarlo o pensar en él, aunque en aquella época casi todo lo hacía…
Tras instalarnos nos tocó salir a la zona de piscinas del hotel, la cual tenía un tamaño pasmoso. Se trataba de varias piscinas que se entrelazaban de forma laberíntica entre las aéreas verdes y las zonas de las palapas. Mientras mi prima nadaba en la zona de niños con las animadoras y se la pasaba jugando, yo me quedé en uno de los camastros cubierto con una toalla, junto a mis tías que dormían. Todo por culpa de mi tío Enrique.



Enrique estaba en principio de sus treinta años. Tenía el cabello negro corto, rasgos fuertes, barba de chivo y bigote. Media 175cm y no poseía el cuerpo de un adonis con abdominales marcados, pero si tenía hombros anchos y pectorales bien formados, brazos y piernas fuertes que lo asemejaban a un toro y para colmo de males, traía puesto un traje de baño muy corto que dejaba poco a la imaginación. Solo cubría un paquete que se veía bastante macizo y jugoso coronado por un poco de pelo que corría hasta su ombligo. Desde que vi salir a mi tío del baño con eso puesto, me fue imposible disimular la tienda de campaña en mis pantalones. Así, quedé condenado al camastro junto a la piscina, cubierto por una toalla y admirando a mi tío, el cual se lucía nadando de un lado a otro y charlando con otros turistas. Quizás él no era el más guapo del lugar, pero su tremenda masculinidad y el parentesco sanguíneo que teníamos conspiraban para mantener  tantos mis ojos como mi miembro en él.
Anocheció y salimos a cenar. Luego de ahí a la habitación a descansar, aunque mi tío y su esposa salieron toda la noche a pasarla en el bar y a bailar. La habitación fue toda mía. Con toda confianza me relajé y me dispuse a husmear entre las cosas de mi tío. Me sentí enfermo al hacerlo pero debía arriesgarme. Después de unos minutos de revisión de maletas, tras pasar las playeras y camisas me encontré con lo bueno, sus trajes de baño. Todos ellos eran tan cortos como el de la tarde, de distintos colores y estampados, inclusive uno de leopardo. Cualquiera imaginaria a un súper modelo con esos trajes diminutos y no a mi tío. Se notaba que le gustaba lucir lo que tenia y a mí me encantaba de verdad. Me lo imaginé con esos distintos trajes de baño, sujetando con fuerza su paquete, enmarcando sus anchas piernas y su fuerte abdomen. Sobra decir que esa noche fue maratón de pajas.  Me encantaba pajearme mientras olía esos trajes de baño o mientras me los colocaba. Me quedaban grandes de verdad pero cuando tenía la erección, me quedaban deliciosamente justos. Me fascinaba ver mi miembro debajo de sus bañadores, ver como la tela se humedecía en el centro con mi semen…
A la mañana siguiente mi tío ya estaba en la habitación. De hecho se había levantado antes que yo y pensé sintiéndome culpable mientras me ruborizaba, que todo se me vendría abajo al encontrarlo mirando con detalle sus trajes de baño. ¿Se daría cuenta que algunas cosas estaban removidas? ¿O acaso de algún olor extraño? ¡Cuál fue mi sorpresa cuando tomo un traje verde con diseños de olas y se fue al baño a colocárselo! ¡Me había venido en ese traje la noche anterior y aun mostraba un color más opaco al frente! 



Por suerte ni lo notó, y pronto llegó la tarde y volvimos a la zona de las piscinas. Ahí de nuevo mi tío se quito la playera y los shorts, luciendo su traje de baño e imposibilitándome el moverme sin que se notara mi erección. Mis tías insistían en que fuera a la piscina pero logré librarme de su insistencia y de nuevo quedar sentado mirando a mi tío jugar en el agua como un niño. Eventualmente mi tío se acercó a la orilla donde estaba y estiró su mano:
 – Ven ¡Ayúdame! – dijo. No tenia como darle un “no”, y verlo todo mojado y con esa enorme sonrisa blanca bajo su bigote y barba empeoraba más aun mi casa de campaña. Mis tías dormían como lo habían hecho el día anterior y toda la demás gente estaba muy abstraída en sus cosas así que quizás la suerte me sonreiría. Mi tío seguía sonriendo como un tonto mientras se percataría del show: su sobrino apenado caminando como un zoquete bajo el tremendo sol, y con el miembro erecto bien visible a pesar de traer traje de baño largo. Él tendría que darse cuenta. Cuando lo tomé de la mano y jalé para ayudarle a salir, su rostro quedó a escasos diez centímetros de mi miembro endurecido. Pero para mi sorpresa, Enrique hecho su peso hacia atrás y cayó de nuevo en la piscina sin soltar mi mano. Nos zambullimos juntos y yo, sin estar preparado, pensé que me ahogaría. Luche por encontrar el suelo o por tocar la pared hasta que Enrique me sujeto de los hombros y me ayudo a subir. El agua me llegaba a los hombros y apenas sacaba el agua y respiraba con dificultades. Permanecí con la espalda pegada a la pared y mi tío pegado a mi aún sujetándome fuertemente para que me tranquilizara. Su bulto estaba completamente pegado a mi pierna y mi erección presa entre ambos cuerpos.
- Tranquilo mano. Perdón, pero ya te tocaba entrar al agua – dijo.
Mi miembro picaba literalmente su pierna y a él parecía no importarle. La verdad, no quería despegarme pero tras tomar un poco de aire y calmar mi mente me moví
– ¡Tienes razón! –apenas balbuceé yo-  Estoy b…bien.
 Y me aleje nadando aturdidamente.
Un rato después, tras nadar de aquí y allá entre niños y turistas gritando en inglés, volví a cruzarme con mi tío que nadaba felizmente. Me sonrió campante y paso junto a mí. Muy pegado a mí, de nuevo sentí su bulto y su cuerpo entero rozándome, tanto que casi me hace caer. Más tarde volvió a interceptarme pero esta vez bajo el agua. Me abrazo sin ningún pudor y me derribo de nuevo. Me solté y regresé para empujarlo y recibir otra tacleada. Su brazo aplastaba mi erección, y su abdomen. El contacto era extremo y mis tías miraban aliviadas como jugábamos como un par de niños. Me di cuenta de que me había preocupado de más. Él por su parte parecía disfrutar de mi erección,  pero no lo evidenciaría con nadie. Por lo menos tuve esa seguridad, y me deje llevar por su juego. Esa noche sería la última noche que estaríamos en la isla y, aunque ninguno de los dos lo sabía aún, sería la noche que haría que las vacaciones valieran la pena.
Terminando la cena cada uno volvió a su habitación. Yo me sentía más tranquilo que antes pero los nervios aun hacían presa de mí al recordar que compartiría cama con mi tío. El pasó a ducharse primero y yo, terriblemente tentado por dar un vistazo, logre resistir y me eche a dormir en la cama. Era mi tío la presa de mis deseos, el hermano de mi madre. Éramos parientes y por más inquieto que estuviera, no podría tentar mas mi suerte al asomarme y verlo bañarse.
Enrique salió y al verme dormido, se vistió, apagó las luces y se echó a dormir a mi lado en la cama matrimonial que compartíamos. El silencio era absoluto y mariposas revoloteaban en mi estomago. Lentamente me di la vuelta y vi la sombra de mi tío, recortada por la tenue luz de la luna en la ventana. Estaba tan cerca que me saltó la idea de estirar mi mano y tocarle, pero me resistí. Ya habrían pasado un par de horas desde que se había echado a dormir, así que con confianza empecé a tocarme el miembro por encima de la sabana, muy lentamente. Cada vez que el se movía, yo y mi corazón nos parábamos en seco. Unos minutos después su pesada mano cayó sobre mi estómago
– ¿No puedes dormir?-
Quede frio al escuchar su voz… Por medio de la sombra pensé que él estaba dándome la espalda, pero en realidad el estaba de lado, mirándome y la ventana iluminaba perfectamente mi figura
 – ¿¿Ehhhh?? !!! No…no…yo solo…!!! –exclamé yo bastante acongojado.
- ¡Tranquilo mano! –me aseguró con voz firme- ¿Cómo vas a dormir con esa erección? Y su mano pasó de mi estómago a estar sobre mi propia mano, encima de mi miembro Desde que llegamos traes esto –continuó diciendo mi tío- ¡Si son efectivos mis trajes de baño!!
Su mano era mucho más fuerte que la mía, pesaba mucho más. Empezó a frotar circularmente hasta que removió mi mano casi por completo
–¡Perdón Enrique! –le dije yo muerto de miedo- No pienses mal…no vayas a decirle a mis papás….yo – mi voz se quebraba con cada silaba hasta que se cortó en seco cuando mi tío encendió la lámpara en la cabecera de la cama.
- Esta bien mano, es natural, ya eres un adulto – Y comenzó a bajar mis sabanas. Removió el pantalón de mi pijama y abrió la abertura para orinar. Ahí estaba mi miembro, sorpresivamente erecto, casi al punto de estallar y ya saliendo del prepucio. Sus anchos dedos lo rodearon y comenzaron el masaje de arriba abajo
–¡Ya estás bastante grande mano… ¡Cómo has crecido!
Recosté la cabeza hacia atrás y respire hondo
 – ¡Ufffff….tío!  Yo puedo…enserio – traté de decir


- Si ya me di cuenta de eso, puedes y en todos mis trajes de baño – me sonrió con esa sonrisa brillante que tanto me encantaba y me no supe que más contestarle. Su mano hacia un trabajo excelente aunque el anillo de bodas que traía jalaba alguno de mis pelos haciéndome saltar – ¿Y ya tienes novia, mano?-
-¡Aaaaa….mmmm!… No, no te…tengo  tt.. tío
-Eso explica porque estas así. A tu edad no es bueno no tener novia.  Hay que ejercitarla –dijo él agarrado a mi verga.
Tras una pausa añadió:

-Me refiero a esto …– Y para mi sorpresa, mi tío se inclinó, acercó su rostro y ya no vi más. Sólo su barba bajando hacia mi pubis y mi miembro entrando a una húmeda y caliente caverna …

Fin de la primera parte.

Compartiendo la cama (Relato) -Parte 2. Por Devilman

(...)
– ¡Nooo! ¡Nooo! ¡Espera…….mmmm ¡  -exclamé sintiendo las primeras oleadas de placer, no extentas de pánico. Arqueé la espalda para levantarme y terminar todo aquello. Pero su cuerpo estaba encima de mi abdomen y pesaba mucho más que yo. Trate de patalear pero no había forma de soltarme. Sentí su nariz encima de mis pelotas, su respiración, y mi glande chocar con su paladar… Chupaba y absorbía, y con cada chupada sentía que me arrancaba el alma. 



Traté de cruzar las piernas, de cerrar todo conducto posible,  pero no creía poder aguantar más. Miré a mi lado y vi su cadera justo frente a mí. Esta vez no se había puesto una playera y shorts para dormir, sino que traía puesta una camisa de tirantes y el traje de baño de leopardo. Ese traje de baño tan ridículo, ahora se veía glorioso formando un paquete delicioso que parecía inflado como un globo. Sus anchas piernas peludas no hacían más que enmarcar la escena. No hizo falta que me estirara mucho para alcanzarlo con mi rostro. Se sentía suave en la parte baja y duro en la parte alta. Olí y saque mi lengua para lamerlo. El sabor de la tela no era muy agradable pero aun así lo rodee con mi boca entera.  La succión termino y el aire fresco rodeo mi verga –
-¡Adelante Jorgito, es toda tuya! –susurró mi tío,  y mi miembro volvió dentro de su boca. Con algo de dificultad jugueteé con el traje y por fin logré bajarlo por sus piernas. Un miembro enorme saltó, con una cabeza rosada asomándose de un gordo pellejo de tono oscuro. Los huevos se veían suaves y tiernos y todo rodeado de una espesa mata de pelos negros. Abrí mi boca a más no poder y engullí esa carne mas no pude comérmela entera. Debido a la posición y el gran tamaño de la herramienta, solo pude comer hasta pasado cuatro centímetros del glande. Mi verga estaba al límite, completamente rodeada por su lengua y estimulada por todas direcciones. Mi boca ocupada, saboreando la salada carne de mi tío. Su prepucio bajaba y subía con cada burdo movimiento de mi cuello y al mismo tiempo el glande se asomaba y parecía que crecía.
Obviamente, no aguante mas y me corrí con fuerza.
Mi tío se levantó y empezó a toser y a ahogarse. Parte de mi semen se lo tragó, otra parte quedó salpicada en su bigote y barba
– ¡Mano! Me hubieras avisado al menos!! –atinó a decir cuando se recuperó- No te preocupes. Pero se ve que quieres seguir, ¿no? Y por fin mi tío  Enrique se quitó el bañador y se colocó a cuatro encima mío, como si hiciéramos un 69. Su sexo quedó colgado encima de mi rostro, casi cubriéndolo por completo, ¿Cómo podría negarme?
- Primero lámelo, despacio… Explóralo –me ordenó.
Y así hice. Pasé mi lengua suavemente alrededor de ese venoso tronco y trate de rodearlo con mis labios. Era bastante gordo y me costaba trabajo abarcarlo. Volví a engullirlo pero ni de broma podría tragármelo entero. Apenas entraba la mitad y sentía que me ahogaba. Mi miembro se levantó de nuevo y mi tío se recargó en mis rodillas. Bajaría a chupármelo de nuevo, pero se detuvo y exclamó:
-¡Aaaaa… cabroncito! ¡La chupas rico! Sigue así, despacio…
Eel sabor salado cada vez se hacía más fuerte dentro de mi boca y cada vez me daba más ansias de morderlo. Cada vez que sentía mis dientes, mi tío me apretaba las rodillas dolorosamente. Ese enorme cuerpo se movía encima de mí y me dominaba casi como si fuera un cojín. El miembro poco a poco fue saliendo y quedaron sus bolas encima de mí. Suaves como la seda, me eran tan apetitosas como la verga.
-¡Unnnffff!…. ¡Ay Jorge, que gusto, desde en la tarde en la piscina noté como se te antojaba…uuufff! –  susurró entre jadeos. Después mi rostro quedo enterrado por un par de enormes glúteos, cubiertos de pelo. No tenía muy en claro que hacer pero seguí lamiendo los alrededores de su cuerpo mientras mis manos se saciaban recorriendo sus piernas. Por fin su miembro estalló, mucho más controlado que mis espasmos, y  sus lechazos salieron disparados por mi barbilla y pecho.
Pero eso no lo detuvo. Su cuerpo se mecía mientras levantaba mis piernas y removía mis pantalones y mi lengua paseaba entre sus testículos y su culo
– ¡Jorge! Nada de esto a nadie, eh. Te voy a hacer machín pero tu callado, ¿quedamos?
Enrique se levantó, se dio la vuelta y me beso en los labios. Su bigote me picaba y sus labios chocaron con los míos, abriéndose levemente, así fue mi primer beso. Acto seguido se sentó en mi cadera y con su mano derecha manipulo mi miembro. Sus glúteos rodearon mi verga y poco a poco sentí como su carne se abría. Un aro oponía resistencia pero más allá de este, mi miembro quedo rodeado de un intenso calor. Todo mi cuerpo se tensó y me arqueé hacia atrás.
– ¡¡¡A la verga!!!!  ¡Mmmm ¡– jadeó mi tío. Y  cerró los ojos y se mordió el labio inferior. Bajó poco a poco hasta sentarse por completo en mí y dejarme sin aliento con su peso.
-¡¡¡ Enrique!!! ¡Uufff!… ¿Te lastimo? –le pregunté yo ingenuamente.
- ¡No…no mano….mmmm ¡ Déjame a mi moverme, pendejo –
Mi  tío movía su cadera, y se ajustaba entre mis piernas, y con cada movimiento yo estaba un paso más a correrme. Enrique sonrió y entrecerró sus ojos mientras yo me daba gusto pasando mis manos por sus frondosas piernas y su abdomen. Encima y debajo de su camiseta de algodón sentía su tibia piel estremecerse con mi miembro.  Mis manos cubrían  sus pectorales y los sujetaban a manos llenas cuando sentí mi glande chocar con su tibio interior.  Enrique empezó a bajar y subir lentamente, hasta casi sacar mi verga de su culo, y después bajaba hasta clavársela de nuevo entera. Luche por quitarme la playera y quedar desnudo por fin mientras ese enorme peso caía encima de mí cada 10 segundos. Como si yo fuese un dildo o un juguete sexual,  mi tío hacia que mi cuerpo entero rebotara en el colchón y ambos empezamos a gemir sin darnos cuenta. Con cada rebote, el miembro suave y dormido de mi tío (aun chorreando hilillos de semen) se levantaba como si le inyectaran nuevas energías. Con un largo quejido y quedando sin aliento, me corrí por segunda vez y esta vez dentro de Enrique mientras él continuaba dejándose caer encima de mí, a pesar de tener mi miembro ya flácido dentro suyo. Se levantó y me dejó ver como mi pene caía rendido a mi costado, bañado en semen al igual que su culo, dejando caer hilillos de mi semilla. Sin embargo esa espada suya aun seguía parada, dura, venosa, orgullosamente deliciosa y a la expectativa. Enrique me miraba pensativo.
– ¿La quieres? –me inquirió
Y sin aliento ni titubear le respondí :
-¡Fóllame tío, termina! Y aunque no se lo hubiera dicho, tengo la seguridad de que lo hubiera hecho con ese nivel de calentura animal que traía encima. Me dio la vuelta con toda facilidad como si fuera yo un muñeco de tela y sus dedos exploraron mi ano virgen.
Casi no tenia pelo y era mucho más delgado que el suyo pero le pareció gustar lo que tocaba y antes de que nos asaltara alguna duda al respecto, sentí algo suave y esponjoso entre mis glúteos. Después fue subiendo, casi rompiéndome en dos como si fuera un tren eterno que seguía por mi recto. Cerré los ojos y boca con fuerza y no pude evitar que naciera en mí un quejido ahogado.


-¡Sssiii! ¡Ay que rico…ay que ricoooo!!! – señalaba mi tío a viva voz, como un poseído. Se despojó de su camisa y siguió su viaje en mis entrañas. Parecía que no terminaba, hasta que sentí su cadera pegada a mis glúteos, sus huevos pegados a los míos y su punta muy, muy dentro de mi ser. Inclinó su cuerpo y empezó el mete y saca. El largo miembro salía casi todo de mí y me jalaba con él para luego reiniciar su dolorosa travesía dentro. Con cada embestida, algo ocurría dentro de mí, algo nacía en mi cadera que me dejaba aturdido y casi apagaba por completo mis gritos.
La cama empezó a crujir, no sé cómo no nos escucho nadie (aunque el cuarto de mis tías estaba en otro piso) y quede inmovilizado bajo su peso. Sus manos recorrían mi espalda y pasaban a mi abdomen, recorrían mi entrepierna y jalaban mi miembro. Esas enormes manos con el anillo de compromiso me dominaban como un juguete y supe que debía olvidarme del dolor. Este cedió poco a poco y el orgasmo permaneció cada vez más fuerte en mi sexo. Enrique profería fuertes gemidos guturales, como su fuese un toro, perdido en las entrañas de su sobrino hasta que por fin se corrió.
Al sentir pegajoso en mi interior, mi cuerpo reacciono y mi propio orgasmo llego sin aviso alguno. Por tercera vez seguida pero sin mucha leche esta vez.
Enrique se dejó caer en la cama, jadeante y sudado y se cubrió la cara con las manos
– ¡Perdón… Jorge, perdóname! No le digas nada de esto a nadie por favor. Tu tía y yo tenemos broncas y no sé cómo llegue a esto. Al verte como me mirabas con antojo…-
-Está bien Enrique – le dije acercándome y abrazándole – ¡Me encantó!
-No podemos volver a hacer esto… Está mal, ¿me escuchas? ¡¡¡Muy mal!!
Yo lo sabía. Me había fascinado, pero sabía que estaba mal. No podía contradecirlo en lo absoluto y no se me ocurrió qué decir. Lo abracé más fuerte y me acerqué a darle un beso. Sus labios se abrieron junto con los míos y se acoplaron, nuestras leguas se rozaron como llamas y sentí el calor encenderse de nuevo en mi entre pierna pero estaba rendido. Tras ese beso me quede dormido abrazándolo.
A la mañana siguiente me despertó y me hizo tomar un baño y empacar. Ni dentro ni fuera del cuarto mencionamos lo que había ocurrido y la vida siguió su curso normal llegando a la ciudad. Por supuesto, ninguno de los dos olvidó aquello pero no lo retomaríamos hasta varios años después.
Fin.

NOTA: Cualquier parecido con la realidad es pura fantasía.
Devilman..



domingo, 24 de noviembre de 2013

Necessary Medicine (La medicina necesaria) por Bruno B.

Pues lo echábamos mucho de menos; lo extrañábamos tanto, que vuelve a SIN MANÍAS ahora a todo color y con historias quizás ya viejas, pero con esos personajes maduros, tipo chubbies que tanto nos gustan. Era inevitable, es Bruno B que vuelve. 
Bienvenido de nuevo.
(Haz click en la primera imagen, que se abrirá en una ventana nueva y con una resolución mayor, para poder leer los diálogos. Vuelve hacer click para ver la siguiente. 
Pido disculpas por la pobre calidad de las imágenes.)