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sábado, 31 de mayo de 2014

Dos Hermanos reciben visitas



No sé bien de dónde sale este vídeo. Pero la falta de originalidad me mata muchas veces. Tampoco se si estará editado, y es por eso que lo vemos así. Pero lo primero que uno ve es a dos muchachos que parecen ser hermanos. Más allá del título que muchas veces puede ser engaños, parecen ser mellizos incluso, por el parecido. Uno está con una notebook y el otro haciendo zapping. De golpe de detrás del televisor sale un negro desnudo y les da para que tenga a los dos... para ser directos. No?
Y bueno, es probable que sean hermanos en la vida real, porque entre ellos al parecer no pasa nada. Pero no deja de ser un interesante material de entretenimiento. ¡Que lo disfruten!

Doctor, ¿me podría ayudar?

The Naughty Theacher

The Naughty Teacher o el Profesor Travieso/Revoltoso -no confundir con El profesor Loco- es el nombre genérico de un serie de vídeos producidos por UPSgay.com y alojados pay per view en el portal Big Dicks At School.
Nos gusta la idea de lograr un episodio completo. Por el momento tenemos el trailer.

viernes, 30 de mayo de 2014

Próximamente en Sin Manías...


Papito y su joven amante




A mi personalmente me gustan esos vídeos en los que el hombre maduro actúa como pasivo. Se me antoja como una bonita metáfora, según la cual, el joven demostrará toda su recién aprendida experiencia amatoria ante la claudicación del hombre maduro. No hemos mostrado muchos vídeos de este tipo, y ya es hora de abrir nuestro archivo para el regocijo y a la salud de los hombres maduros pasivos del universo sinmaníaco, que son muchos. Va por ustedes.
Con Brock Landon, el hombre maduro que 'abre' sus puertas para recibir los conocimientos juveniles de
Fabián, también conocido como A.J Irons, el joven amante.


miércoles, 28 de mayo de 2014

Momentos prestados

Cuando siento la chorreante y palpitante polla de mi abuelo descargar su caliente leche
en mi culo, no puedo evitar gritar 'FÓLLAME ABUELO, FÓLLAME', una y otra vez.
Eso le vuelve loco y yo amo realmente a mi abuelo.
Momento existencial.



Momento... Bueno, momento 69.


Momento lisa y llanamente...íntimo y familiar.




A mi hermano y a mi, a los dos nos gusta chupar pollas, y solemos chupárnosla el uno
al otro en la ducha, cada mañana antes de ir a la escuela. Aquí estoy yo comiéndosela
a Richie y luego él me la comerá a mi.
Momento glotón.



Momento acróbata.


Mamá dijo que papá y mi hermano Bobby salieron a trabajar al campo. Cuando les
encontré, vi claramente que papá aún estaba en la dura tarea de 'plantar semillas'
Momento agrícola.
Momento  PENEtrante.




Momento sublime.


                                                                                   
Momento... final.

Material extraído de FckMe2Dad, de Tumblr.

Los momentos únicos...


Momento primerizo y sabroso...
Sueño cumplido.

Chupando rabo filial

Momento corrida
Momento siesta





jueves, 22 de mayo de 2014

Muscle Dad and Boy

Hola, como andan? Les dejo este video para que no me extrañen. Yo sé que me extrañan. Espero que estén bien, voy a ir subiendo más cosas en cuánto pueda. Saludos.

Stepfather's secret (Part 2) -A helping hand

Dick Carber y Trevor Spade

Me temo que este mes de mayo

no es el mes del uruguayo;

ya que escrito está los astros, 

es el mes de los padrastros...

Con Dirk Carber, el caliente padrastro.
Y Trevor Spade, su estudiante hijastro.



Nuevo código de incrustración/embed, gentileza de Herron Hedrry

miércoles, 21 de mayo de 2014

Stepdad meets stepson

A mi me da que este video es un repost.
No me preguntes, no estoy seguro y tampoco lo encuentro en el historial.
En cualquier caso ahí tienes al incombustible Tyler Sweat haciendo de hijastro con...
¿Alguien sabe quien es el otro tipo? Y puestos a saber... ¿Sabe alguien a qué película pertenece este vídeo?




lunes, 19 de mayo de 2014

Big brazilian dad fucks boy



Comienza como una exhibición. Es la pasarela de Milán encajonada en un salón de decorado y sin público, pero con un sólo modelo aniñado. La música no ayuda a seguir mirando. Sin embargo, en cuanto aparece el primer rabo en pantalla, el cambio es tan brutal, que no podrás dejar de mirar.

domingo, 18 de mayo de 2014

Mi tío me la chupa

Mi tío me la chupa es un relato que nos envía MorboHetero, desde Euzkadi (España) Personalmente me gusta leer este tipo de relatos: van directos al grano, sin entretenerse por el camino en florituras narrativas, metáforas de narrador pillado en un renuncio, así como tampoco sin ninguna concesión para el respiro y/o descanso de tu bragueta. Y dado que yo soy muy de verborrea, no es tan extraño que me guste este estilo narrativo.
Asi que sólo me queda decir: eskerrik asko zure istorioa, amigo. (Gracias por tu relato)
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Mi tío me la chupa.
Hola mi nombre es Marcos. Ahora tengo 18 años, soy moreno, tengo los ojos verdes, y cuerpo atlético,  gracias a que llevo toda la vida siendo un chico deportista. Por lo demás, no me quejo del tamaño de mi polla. Es más grande y más gorda que la media de las yo haya podido ver, por ejemplo en los vestuarios del gimnasio al que regularmente voy.
La historia que voy a contar pasó hace dos años.
Todo empezó una tarde del mes de abril.
Mi tío vino a recogerme a casa para ir a comprarnos ropa para la primera comunión de su hijo. Aún no sé cómo convenció a mi madre para que no me acompañara ella, pero el caso es que lo hizo. Mi tío era un hombre de unos 40 años. Su profesión es la de arquitecto, pero parecía un obrero, porque al igual que yo, pasaba muchas horas en el gimnasio. Su  pelo era moreno y los ojos del mismo color que yo. Creo que nos parecíamos bastante. Lo cierto es que me llevó al centro comercial de la ciudad y empezamos mirando unas camisas y pantalones. Como yo ya tenía unas cuantas prendas seleccionadas fui a los probadores para ver si me quedaban bien. Mi tío se quedó fuera esperando, pero por el reflejo del espejo, pude ver cómo me miraba por el hueco que las cortinas del probador no tapaban. Cuando salí para que viese cómo me quedaba la ropa él se acercó y se limitó a colocarme los cuellos de la camisa;  luego bajó a los pantalones y, con la escusa de colocármelos bien ceñiditos, me sobó el rabo disimuladamente. No es ningún secreto si admito que a mi se me puso un poco dura , y él pareció darse cuenta de ello, porque se le dibujó una sonrisa pícara en su rostro. Aún así, a mi tío no le gustaba como me quedaban esos pantalones,  de modo que me buscó otros, como si él ya supiera sobre mis gustos,  y me los acercó al probador, llevando consigo otro par de pantalones colgado sobre sus hombros. 
-Para mi –dijo señalándolos y entregándome los que me había traído.
 Esta vez,  cuando empecé a cambiarme, él no esperó fuera. Permaneció a mi lado mirando cómo me cambiaba hasta que de pronto comenzó a desnudarse él también. Yo me sentí un algo cohibido, ya que nunca había visto a mi tío desnudo. Sin ropa pero aún con unos abultados calzoncillos blancos, su cuerpo me reveló que tenía un poco de bello, y se antojó  más musculoso de lo que parecía vestido.
- ¿Qué pasa, te incomoda que me cambie aquí contigo? – me preguntó mi tío notando mi incomodidad ante semejante situación.
- ¡No que va! – respondí - Pero ¿por qué no usas otro probador?
- Porque quiero cambiarme contigo –afirmó- aquí en familia. Y ¿sabes?  Así no tenemos que salir de aquí y podemos estar mucho más tranquilos sin que ningún empleado nos moleste - precisó sobándose el paquete.

Por mi parte, mientras me yo cambiaba observé  como el paquete de mi tío cada vez se iba haciendo más y más grande, y no sé por qué pero la situación me estaba empezando a excitar. Cuando terminó de probarse la ropa, en vez de volver a ponerse sus pantalones, se quedó sólo con sus slips blancos que ya descaradamente,  ceñían bien su sexo . Yo sin saber a dónde mirar me limité a seguir probándome esos pantalones que él me había llevado.
- ¿No te vistes? – le pregunté por fin.
- No, así estoy cómodo. – respondió – Por cierto con los calzoncillos que tienes no vas a marcar nada de paquete en esos pantalones. Deberías comprarte unos como los míos. Mira tienen una movida para que se marque más la polla.
- ¡Qué dices tío! – exclamé, más que pregunté aturdido. ¿Mi tío hablando de marcar paquete? ¿Mi tío pronunciando la palabra polla frente a mi con total naturalidad? ¡Menuda confianza parecía que habíamos ganado el uno al otro durante los últimos cinco minutos dentro del probador!
- Si. Tu mira- sentenció.
Se quito los calzoncillos con total normalidad y me los puso delante de mi cara
- ¿Lo ves? Tienen un sistema para marcar más. ¡Me recuerda a un wonderbrá para machos!
No me podía creer la situación en la que me hallaba. Mi tío totalmente desnudo, en unos probadores de una tienda del centro comercial, con la polla casi erecta. Y yo frente a él con los pantalones que me estaba intentado probar, por debajo de las rodillas. Por muy surrealista que pareciera aquello, no pude evitar fijarme en su polla. El tronco de esa verga era bastante grande y gordo, y tras la rosada cabeza, se le marcaban bien las venas. Salvo  unos pocos pelillos en la base, parecía estar rasurado, al igual que aquel par de huevos de color tostado,  lisos y sin vello alguno.  Mi tío,  prácticamente empalmado, notó que le miraba y no desaprovechó el momento.
- ¿Te gusta mi polla sobrinito? – me preguntó mientras se sobaba un poco, agarrándose aquel pedazo de carne con una mano.
Me puse colorado sin saber qué decir. La verdad es que si que me gustaba, tanto, que yo también estaba empezando a ponerme cachondo.
De pronto mi tío comenzó a reirse, rompiendo mi silencio.
-¡Era broma! –exclamó él sin dejar de reir-  Pero venga, desnúdate y pruébate mis calzoncillos ya verás que paquete te hacen.
De pronto, quizás para añadir más testosterona a aquella extraña situación entre hombres, me apeteció muchísimo ponerme aquellos calzoncillos que poco momentos atrás él había llevado y acomodar mi vergote y mis cojones en aquella prenda que antes ya habían acomodado los suyos. ¿Cuál sería la sensación? Empecé a desnudarme intentando que no se me notase que estaba un poco caliente pero mi tío no perdía detalle. Me quedé desnudo exceptuando mis bóxers.
- Venga ahora quítatelos y ponte los míos que con ese cuerpazo que tienes te van a quedar de maravilla sobrinito – me dijo mientras él ya no disimulaba su erección, con su tranca apuntando al techo.
Yo permanecí callado. Me quité los calzoncillos y así estuve en pelota picada delante del espejo y de mi tío. Ahora mi rabo había comenzado a unirse al de mi tío en aquellas labores de apuntar al techo. Y por alguna razón ya no me importó.
- ¡Vaya, vaya! –exclamó en medio de una sonrisa- Ya no te voy a poder llamar sobrinito. A partir de ahora te tendré que llamar sobrinote. ¡Menudo rabo tienes! – sentenció acercándose  a mí.
- Bueno… no es tan grande como el tuyo, ni tan gordo – respondí poniéndome colorado.
Sonó absurdo, pero os juro que fue lo único que fui capaz de decir.
- Yo a tu edad la tenía más pequeña que tu. –me confesó-  Además mi polla está bien dura y a la tuya todavía le queda ¿Cómo de grande se te pone cuando la tienes toda dura? – preguntó.
- Pues no sé, tío. Un poco más grande que ahora – respondí mientras me ponía sus slips. Me pareció que ya era hora de que aquella conversión de hombre a hombre  tocase a su fin.
- ¡Qué paquete más bonito te hacen!– dijo mientras se ponía pegado detrás de mi – Ahora vamos a hacer que tu polla se ponga dura para ver como de grande la tienes realmente.
- ¡Qué dices tío! – le respondí apartándome un poco - ¡Eso son mariconadas! ¿Y a ti desde cuando te gustan los hombres? ¿Y la tía qué?
-¡No me dirás a que ti no gustan! –exclamó divertido- ¡Te has empalmao sólo de verme desnudo! Aunque te hagas el sorprendido sé que tu también estas caliente sobrinito
-Pero yo no…
- Además tu tía apenas quiere sexo –continuó él-  y a mi nunca me habían atraído los hombres, pero cuando te visto cambiándote de ropa me he puesto muy cachondo. Por alguna razón me pareció que mentía en lo de no atraerle los hombres. En lo de ponerse cachondo, no cabía ninguna duda, a la vista del espectáculo de su sexo erecto.
-¿Alguna vez has estado con un algún hombre? -inquirió mientras me empujaba contra el espejo y acercaba una mano a mi paquete.
- No – respondí, de nuevo cohibido.
- Pues nos estrenaremos juntos – dijo agarrándome el miembro con una mano, mientras que con la otra mano me mantenía pegado al espejo. De pronto comenzó a masturbarme.
- ¡Joder tío para! –exclamé en un hilo de voz-  ¡Que no quiero, que esto no está bien!
Yo me quejaba e intentaba escaparme, pero sin mucho esfuerzo porque cada vez me gustaba más lo que mi tío me estaba haciendo. No pude evitar pensar que aquella no era la primera vez que mi tío agarraba un pene que no fuese el suyo.
- ¡Cállate o nos oirán! Y estate quieto de una vez– me ordenó mientras soltaba mi polla – ¡Esto es un secreto entre nosotros, entre tío y sobrino ¿vale? Y sin esperar contestación se agachó y empezó a chuparme la polla.
Yo ya no me resistía, porque el placer que me inundó se llevó todas las ganas de protestar. Mi tío la chupaba muy bien. Me encantaba como lo hacía. Se tragaba mi polla hasta el fondo, casi hasta la base, como si quisiera abarcar mis cojones también. A mi corta edad, pocas veces me habían comido el rabo así. Fue increíble comprobar como su garganta engullía mi palpitante sexo.
- ¡Joder tío que bien la chupas!¡Pareces un profesional! –exclamé entre jadeos.
- ¿Te gusta sobrinito? –inquirió él como un niño travieso- ¡Pues voy a chupártela hasta que me des toda la leche! ¿Qué te parece?
- ¡Me parece una pasada! –acerté a decir- ¡Ufff que bien tío! ¡Qué bien la chupas! –exclamé entre oleadas de placer- ¡Ninguna de las nenas de mi clase me la ha chupado nunca así!
Mi tío siguió chupándome la polla durante un buen rato. Cambiaba de velocidad y era capaz de comérmela entera sin problemas. Mientras se la tragaba él se pajeaba a su vez, y se notaba que le gustaba mi polla. La saboreaba y se la comía como si fuera lo último que iba a comer en su vida. Pero llegó el momento en el que no pude aguantar más aquella tensión. 
- ¡Tío, no puedo más, voy a correrme! -anuncié, y  él se limitó a acelerar el ritmo de la mamada
-¡Bufff  tío, joder! ¡Chupa cabrón!… ¡Me corroo!

Y entre jadeos expulsé mi carga de leche. Mi tío no dejo de mamármela hasta que no terminé de correrme por completo. Incluso siguió chupando un poco más. Cuando yo acabé, él se puso en pie  y asiendo mi  mano la colocó sobre su polla.
- Ahora que te has corrido haz que tu tío se corra también. ¡Pajéame! – me suplicó, y justo después me besó en la boca.  Aún tenía restos de mi semen en sus labios y éso me puso muy caliente.
Por lo pronto sopesé la situación: a mi nunca me habían atraído los de mi sexo, pero mi tío me había hecho la mamada de mi vida, que me había corrido de gusto. Posando la mirada sobre su bajo vientre asumí que mi tío tenía una polla muy gorda,  mucho más que la mía, pensé yo;  y después de la mamada que él me había hecho, y pese a que a mi no gustaban los hombres, pensé  que él se merecía una buena paja, y un poco de alivio.  Así que aparté su mano y empecé a pajearle con ganas.
- ¡Umm así sobrino así! –exclamó entre jadeos-  ¡Qué bien lo haces! ¡Cómo se nota que estas en edad de pajearte!
- Me alegro de que te guste –me escuché decir. Tío tienes una buena polla.
- ¡Calla y pajéame más rápido que voy a correrme! 

Empecé a pajearle deprisa, él empezó a gemir y al cabo de unos segundos se corrió en medio de un grito justo encima de la ropa que nos habíamos estado probando. Fue una buena corrida. Nunca había  visto yo soltar tanto semen, ni siquiera en las películas porno.
Y acto seguido y sin decir nada nos vestimos y salimos del probador. No nos llevamos ninguna de las prendas que nos habíamos probado y a toda costa evitamos  mirar a los dependientes de la tienda,  por si habían escuchado algo.
Al llegar a casa estaba yo tan cachondo por la experiencia que lo primero que hice fue ir a pajearme al baño, y al bajarme los pantalones me di cuenta que los calzoncillos que tenia puestos eran…¡Los de mi tío!  Me los quite y los empecé a oler mientras  frenéticamente me masturbaba. Olían a polla, a sudor, a mi tío y no pude evitar correrme una vez más.
Fue así como mi tío tomó la costumbre de chuparme la polla cada vez que se le antojaba. Él sigue casado con mi tía y asegura que no ha tenido relaciones con otros hombres. Sólo lo asegura.  Pero a mi no me convence.

Yo por mi parte, no he tenido relaciones con ningún otro hombre. Eso es algo que no me apetece, ni me atrae. ¡Que no so gay, coño! Bueno, yo creo que no lo soy y ahora mantengo una relación con una chica de mi edad pero, como ya he dicho antes, cada vez que podemos mi tío y yo nos juntamos y repetimos la jugada. 
FIN.
Firmado por: MorboHetero

He fucked my father (Él se folló a mi padre) - Escena final



He fucked my father (2008) también conocida como He fucked my dad, -o Él se folló a mi padrees una producción de All Worlds Video filmada toda ella prácticamente en exteriores. La historia sigue los quebraderos de cabeza -y acaso de verga también- de un muchacho, cuyo padre siempre es el objeto de deseo de sus amigos; deseo que estos siempre logran conseguir de un modo u de otro.
En esta escena, Ken Mack interpreta al sufrido padre, el cual acaba haciendo las delicias de un chaval interpretado por Cameron Taylor.





jueves, 15 de mayo de 2014

Welcome to LA: Burbank

Welcome to LA, bienvenidos a Los Ángeles.


Vámonos a Burbank, California, atravensando el centro de Los Ángeles, dirección noroeste, más allá de Glendale, en el valle de San Fernando. Burbank, conocida como 'la capital de los medios' alberga las sedes de las principales compañías de la industria de la televisión. Allí, Justin Owen y Austin Wolf tienen mucho qué hacer: Wolf es un director de casting, Owen un aspirante. ¿El trabajo? Porno, naturalmente.
No te lo pierdas, y gózalo en el siguiente vídeo..
Welcome to LA, es una serie de episodios independientes el uno del otro, cuyo único nexo en común es la ciudad de Los Ángeles y el conglomerado de ciudades que forman el Condado de Los Ángeles. 
Produce Randy Blue.
Gracias especiales a Gus por este sugerencia.



Daddy's House: Fresh Meat.

Daddy's House es un comic on-line que puedes seguir desde en su página web oficial: http://daddyshouse.c-atomic.com/. Tiene sus personajes fijos y otros que van variando, y se actualiza cada semana. Uno puede registrarse para ver las nuevas actualizaciones y utilizar algunas de las funciones interactivas de dicha web, entre ellas, votar para elegir el o los personajes con los que continuar con la historia. La trama gira en torno a un grupo de estudiantes universitarios y su macizo papá, quien les cobra un alquiler por vivir en la casa a cambio de un único pago: el sexo.
O eso he leído.
Os presento una de esas historias: Fresh Meat o Carne fresca.












sábado, 10 de mayo de 2014

Paja entre padre e hijo - Relato


Saludos Sinmaníacos.
Si os dais cuenta, por la fecha que figura en la 'fotocaptura' que adjunto, se lee 2 de Febrero de 2011. Ese día publiqué este mismo relato. 
Y fue el primero de los 36 que llevamos ya.
Lo repesco como un repost para complacer a un seguidor del blog que nos lo ha pedido ya varias veces. Y como si se tratara de una canción, lo he reeditado para darle un poco más de ritmo. 
También lo escribí yo en 2003.
No quiero reivindicarlo. Lo he firmado, vale.  Pero es que la cuestión de la autoría me da lo mismo.
Tampoco es mi mejor relato -no he escrito muchos, la verdad, pero de este no estoy especialmente contento. Todo el relato es como una gran ingenuidad injustificada, y está lleno de tópicos y de errores de continuidad (uno de los protagonistas, en una demostración práctica sobre como usar un preservativo,  se coloca un condón ya previamente usado sin que la más mínima idea de higiene esté presente, por ejemplo)
Pero aca lo traje no más. Para Almicar C. que nos lo pidió, con mis saludos para todos los sinmaníacos mexicanos.


Paja entre padre e hijo.

Fue la primera vez que viví algo tan salvájemente explosivo, prohibido, pero suculento al fin y al cabo. 
Yo tenía 17 años, y era virgen todavía. Iba al instituto, jugaba al fútbol, y me reía de las chicas de la clase, pensando que eran todas unas presumidas, tontas, e infantiles. También tenía amigos, y llevaba esa etapa, la de la edad del pavo sin excesivos problemas.  Me afeitaba desde hacía tres años y ya me veía a mi mismo como todo un hombrecito. Ayudaba a mi padre en su carpintería, mayormente los fines de semana y alguna que otra tarde en que no tenía demasiados deberes del insti. Mi padre estaba entonces separado, aunque no legalmente. Mi madre nos abandonó cuando yo tenía tres años, y mi él tuvo que subirnos a mí, y mis otros dos hermanos trabajando muy duro… Por lo que yo sabía, a sus cuarenta años mi padre aún no había decidido rehacer su vida. Quizá porque nosotros aún éramos pequeños para él y nos veía como unos críos. Yo soy el mayor, y tengo dos hermanos más. A mi padre nosotros le decíamos que debía  buscarse una mujer, pero él nada. Todo era trabajo, trabajo y trabajo. Sus motivos tendría…


Recuerdo que un día le pregunté algo cuya respuesta inició esta experiencia que me dispongo a relatar. Le pregunté a mi padre cómo se usaba un condón y cómo se ponía uno un preservativo. Estábamos en la carpintería, los dos solos, intentando acabar un pedido para entregarlo al día siguiente, y era ya muy tarde. Por la mañana, Luis, un amiguete del instituto, me había dicho que por fin se había estrenado, y aunque resulte extraño, me comentó que fue su padre quién previamente le dio un condón, años atrás, y le enseñó a usarlo. De pronto me di cuenta de que yo nunca había hablado de esas cosas con mi padre y resolví hacerlo en cuanto tuviese la oportunidad. Mi relación con él era entonces muy fluida, pero hablábamos de todo excepto de sexo, como si ese tema fuese un tabú que nos separase a los dos.. Aún así, en la carpintería, viendo que el trabajo tocaba a su fin me armé de valor y le pregunté, para empezar, cómo debía usarse un condón.
-Quiero que enseñes – le dije -¿Tienes un condón por aquí? Lo que él hizo fue dejar de hacer su trabajo ante el asombro y el estupor que le produjo esa cuestión planteada tan directamente y sin tapujos. Un poco azorado contestó que sí que tenía, y extrayendo su billetero de sus desgastados jeans, sacó de él un preservativo. Acto seguido, como movido por un resorte, fue a buscar una herramienta. Volvió con un destornillador, cuyo mango era lo suficientemente largo y grueso como para simular un pene erecto de tamaño normal. Entonces me hizo una demostración improvisada: sacó el preservativo de su envoltorio, lo desplegó y rápidamente lo estiró a lo largo del mango de la herramienta.
-¿Captas la idea? -preguntó cuando acabó 
-Un poco -contesté  algo asombrado por la rapidez de sus actos- Pero eso qué has hecho no es lo mismo,¿sabes? ¿Cómo sé yo que está puesto correctamente? ¿Cómo sé yo que ha ajustado bien y que no va a resbalarse?
- No te entiendo, hijo –contestó él.
-Quiero decir, papá, que deberíamos probar con una polla de verdad –sentencié yo, desde mi más profunda inocencia.
Mi padre se encogió de hombros y dejó a un lado el destornillador.
-¿Me estás diciendo que me saque la polla y te enseñe mejor así? 
-Sí- le contesté con la seguridad de quien cree que lo justo es lo justo y lo correcto es lo correcto- O con la tuya o con la mía, da igual.
-¿Estás seguro? –preguntó él alarmado 
-!Venga, papá –exclamé- Uno de los dos tiene que ser, sino no me voy a enterar de cómo se usa un condón cuando me toque usar uno! 
 El se encogió de hombros y acto seguido se desabrochó el cinturón de los pantalones vaqueros. Empezó a acariciarse el paquete que lucía apretadito en esos ajustados pantalones, y clavando la vista en el techo exclamó:
-¡Tendré que pensar en algo que me ponga caliente, sino no veo cómo hacerlo!
-¡Tú piensa en lo que quieras! –añadí  divertido.
Mi padre siguió tocándose, y de pronto un bulto apareció en su entrepierna, destacándose la forma de una verga tiesa, atrapada en la descolorida bragueta de sus jeans. Mientras se restregaba la entrepierna, a veces mi miraba a mí y sonreía sin ningunas ganas.
-¡Lo que tiene que hacer un padre para contentar a su hijo! –exclamó.
Mi padre, que como ya he dicho, tenía entonces cuarenta años, se conservaba bien; apenas tenía barriga y por su trabajo había desarrollado unos excelentes músculos, envidia de otros cuarentones, que sin apenas cuidarse, están para el arrastre. Mientras yo pensaba en todo eso, él se sacó la polla de la bragueta y me la enseñó, sin ningún tabú.
-¿Ves? –dijo recuperando el condón,  sin reparar que antes lo había usado en el destornillador- se coge y se aplica a lo largo del pene hasta tocar los huevos, así de fácil. Y se lo colocó. 
Fue entonces cuando caí que aquella era la primera vez que veía una polla erecta que no fuese la mía, y  además, se trataba de la mi propio padre. Aún me no explico cómo pero automáticamente tuve una erección que me paralizó todo el cuerpo y hasta el habla. Mi padre sostenía un cipote entre sus dedos callosos de unos buenos y respetables 18 cm, como mínimo. Era un pene duro, algo grueso, con toda la piel echada para atrás, y cuatro pelillos que asomaban entre la tela de la bragueta de sus jeans. Por debajo, ahora ya decididamente algo hinchados, el bulto de un par de huevos. Tragué saliva ante aquella visión. Me hirvió la sangre, aunque mi padre no debió de notar que mi bragueta se hallaba del todo hinchada por la súbita erección que experimenté.
-¿Lo has visto o no, cómo se pone un condón? –preguntó él 
-¡Joer, papá, qué peazo polla que gastas! –exclamé atónito. Fue lo único que fui capaz de decir.
En ese punto él se sacó el condón de su verga y se lo volvió a colocar, repitiendo la demostración anterior. El solo vaivén de su pene, al verse libre del preservativo, me encendió aún más si cabe. Nunca había sentido ningún  interés hacia los hombres. Nunca. Y ahora la visión del pene de mi padre, me estaba haciendo arder por dentro… Mis huevos me dolían, de lo hinchados que debían de estar.
-¡A ver hazlo tu hijo, a ver si lo has captado! –dijo- Sácate la polla.
Me entregó otro condón, también salido de su billetera, y lo extraje de su envoltorio muy nervioso. Después, me bajé la cremallera de mis pantalones y allí asomó mi verga, dura, palpitante, haciendo gala de los 18 cm que Dios me había dado. Mi padre cuando la vio emitió un silbido de admiración.
-Veo que ya no te hace falta pensar en nada cachondo hijo –exclamó él divertido. También gastas un buen elemento;  joer macho.
A continuación quise colocarme el preservativo pero fallé. Estaba tan nervioso que se me arrugó del todo, y cuando quise desenredarlo no atiné, lo cual provocó las risas de mi padre.
-¡Déjame a mí! –exclamó él entre risas.


Y entonces sucedió. 
Con una mano asió mi polla por la base, y con la otra, extendió el preservativo suavemente a lo largo de mi miembro. El contacto con el látex me produjo cosquillas, pero el hecho de que una mano, que no era la mía, me agarrase el cipote me hizo enloquecer. Mi padre me sujetó con fuerza el miembro mientras que con la otra mano retiraba el preservativo y lo volvía poner. Lo hizo por tres veces, como para asegurarse de que yo le seguía en sus indicaciones. Cada vez que me soltaba la verga sentía un placer enorme, mucho más profundo que cuando que masturbaba yo solo… Era la extraña excitación de la mano ajena que me agarraba el miembro, que tiraba de él suavemente y que volvía a empezar. Sin darme apenas cuenta dejé escapar un suspiro de placer, y aunque yo ni siquiera era complemetamente consciente de la situación, me di cuenta de que mi padre había cesado de colocarme el condón, y que seguía aferrado a mi verga.
-¡Joder hijo –exclamó mi padre divertido-la tienes más dura que una vara de hierro!¿Qué te ha pasado?
-¡No sé, papá! –exclamé presa del delirio-de repente me puesto cachondo.
Entonces mi padre, sin soltarme el rabo, siguió masturbándome esta vez de manera declarada.
-¿Quieres que siga? –susurró, más que preguntó-
-Si- me oí decir.
Estaba siendo masturbado por mi propio padre, e inevitablemente, eso me gustaba.
-¡Sigue así! -le rogué.
-¿Nunca nadie te ha hecho una paja? 
-¡Bufff! –exclamé arqueando el cuerpo- ¡Nunca!
La paja continuaba a buen ritmo. Sus manos duras y callosas eran como un bálsamo y se asían a mi verga como si fueran parte de ella.
-¿Y nunca te la han comido, hijo? 
-No papá- exclamé con los huevos apunto de reventar- Nunca, soy vírgen en ese terreno. 
Entonces él, sin parar de pajearme, se agachó frente a mí y asiendo el tronco de mi pollón con una mano, se acercó lo suficiente como para llevárselo a su boca. Cuando eso sucedió, sentí una descarga eléctrica por todo el cuerpo que pensé que me iba a partir en dos mitades y cerré los ojos. Poco después los abrí y vi a mi padre se tragándose mi polla en un visto y no visto, mientras continuaba masturbándome o bien, me acariciaba los cojones.
-¡Ostias papá! –exclamé- ¿Qué me estás haciendo? ¡Dios, no pares! 
Al bajar de nuevo la vista, vi como él se masturba a su vez y eso me excitó aún más.
-¡Estoy a punto e correrme, papá! –exclamé ya preso de convulsiones 
-¡Córrete, muchacho! ¡Quiero verlo! –exclamó él. Y una explosión de leche brotó de mi polla. Fueron tres intensos chorros que fueron a estrellarse directamente en su cara.
-¡Oh, me corrooooooo! ¡Si, ah, ah! ¡Me corro, joder! ¡Si, oh, papa! –grité extasiado.
Entonces, como un poseso, agarré la polla de mi padre y seguí masturbándole, pero él me ordenó que pararse, que no se quería correr aún, pero yo seguí adelante,  hasta que se le convulsionó la cara. Arqueó un poco su torso y cerrando violentamente los ojos, y abriendo mucho la boca, le acometió el orgasmo. 
-¡Joder, hijo! –exclamó-!Ah, me estoy corriendo en tus manos! !Joder!

Dos chorros de su cálida simiente fueron a estrellarse contra mi pecho. ¡Su leche, la leche de mi padre!
Fue literalmente la explosión de su polla, ahora ya bañada en su propia leche. Un espectáculo digno de ver. Pero sólo fue esa vez.
Y ya recuperados del bestial orgasmo que habíamos tenido, él dijo que aquello no era muy normal entre hombres, y menos entre padre e hijo. Creo que se sintió un poco avergonzado de que eso hubiera sucedido… Pero de veras que ocurrió.
Nunca más volvimos a hablar del asunto, estoy seguro que él, al igual que yo, guarda un grato recuerdo de aquella experiencia. Pero sólo me queda una duda... ¿Acaso cuando dijo que no se quería correr aún, mi padre quiso probar algo más conmigo? Se me pone dura sólo de pensarlo.
FIN.
Autor: Watchingyou
Publicado originalmente en Relatos del Marqueze -Relatos.marqueze.net- Paja entre padre e hijo

My Brother's Hot friend (2)



viernes, 2 de mayo de 2014

Mi papá me espía

Estás caliente, y tus desbocadas hormonas se disparan frente a tu laptop -tu portátil-, en el que el reclamo es una página guarra de webcams, de vídeos aún más guarros, de profesionales que aceptan desnudarse para que otros les miren a cambio de un dinero... O quizá es tu messenger abierto -¿alguien se acuerda ya del messanger? Yo ya no- con tu última 'cyber-conquista', súper-macho desnudo, mostrándote sus bondades por la webcam.
Empiezas a tocarte. Tu palpitante rabo pide guerra.
Crees que estás solo en la habitación, y libremente te acaricias tu verga, la cual ya asoma por tu bragueta buscando su libertad, como una serpiente saliendo de su cubil. Y te bajas los pantalones, y agarras tu duro pene, y comienza el gran pajote.
De pronto un ruido, una sombra, un destello de luz a tu espalda te confirma que no estabas solo...

Esto que acabas de leer podría ser un fragmento del relato que publicamos en el siguiente post, ¿verdad? Pero sin caer en ninguna trampa literaria, me imagino que a todos nos habrá pasado alguna vez -a los maduritos sinmaníacos quizá en sus años mozos- ser pillados en el acto en plena paja.
En ese sentido, el siguiente vídeo es muy ilustrativo.




jueves, 1 de mayo de 2014

Fin de semana a solas. (Relato)

De entre los muchos correos que recibo -recibimos, que al bueno de Gus también le  toca lo suyo- hay algunos que me animan mucho a seguir esta locura sinmaníaca. En ellos, algunos seguidores  te dan las gracias por el blog, y  tímidamente, como si esto fuera como pedirle audiencia al papa di Roma, requieren tu atención porque desean saber si aceptas colaboraciones. Normalmente, dichas colaboraciones, son en forma de relatos escritos por los propios seguidores. 
Y por supuesto que se aceptan colaboraciones. De no ser así, esto -el blog y el universo que juntos vamos creando- no tendría mucho sentido. Y así, este es el caso de un anónimo colaborador que, desde las islas Baleares o Ses illes Balears (España) me hizo llegar su relato.
Un relato con el frescor bravo del Mediterráneo y la energía de quien se inicia en el basto desierto que supone el hecho de escribir o  instalarse el mundo de las letras. 
Ahí es nada.
Disfrutemos pues de este fin de semana a solas, pero junto a los protagonistas de este relato.
Muchas gracias.

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Fin de semana a solas.

El reloj de la cocina marcaba las nueve de la mañana y toda mi familia – mi padre, mi madre y mi hermano – desayunábamos casi sin pronunciar palabra atentos a las tostadas y el zumo. Mi madre ya había preparado las maletas para irse con mi hermano.
- Nunca nos toca nada y una vez que jugamos ganamos una estancia en un hotel en la costa. ¡Bien hecho, Ramón! -gritó jubilosa mi señora madre.
Ramón era mi hermano mayor, veintidós años y una persona ahorradora y frugal. Desde hacía un año y medio iba recolectando cupones que había recortado de diferentes revistas con el fin de reclamar el premio que le ofrecieran. Tras largos meses, consiguió un viaje a la playa y decidió que mi madre, que acababa de atravesar una depresión, le acompañara. Desde que era joven siempre tuvo que cuidarnos tanto a Ramón como a mí mientras mi padre trabajaba de obrero para ganarse nuestro pan. A causa de eso, mi madre pasó por una crisis que resolvió hace escasas semanas. 
Mi padre siempre ha velado por nuestra salud y seguridad. Tiene cuarenta y cinco años, solo dos años más que mi madre. Es una persona de complexión fuerte debido a su trabajo aunque no muy alto (calculo que un metro setenta), el pelo corto y castaño, los ojos marrones y la piel tostada por el sol. Yo entonces era un chico bastante alto – metro ochenta y dos -, con el cabello castaño como mi padre y la piel y los ojos claros como mi madre. A mis diecisiete años yo no necesitaba mucha supervisión. Tal vez por eso mi papá no se opuso a que mi madre fuera a despejarse unos días a la playa y, además, se ofreció a cuidar de mí el tiempo que estuviesen fuera. Al no tener trabajo, mi padre siempre andaría por casa o en el bar.
A las diez y media mi madre y mi hermano se subieron al coche y se fueron. 
No volverían hasta dentro de tres días, así que me tocaba a mí hacer las tareas de la casa. Empecé por ordenar el salón y el comedor mientras mi padre estaba fuera, así comprendería que había hecho las labores. Él regresó a eso de las doce y, para mi sorpresa, decidió ayudarme a hacer la comida. Entre los dos preparamos, una comida rápida, y nos sentamos en el salón aprovechando que mi madre se había ido y no nos regañaría por comer en el sofá. Al estar en las puertas del verano ambos íbamos con ropa ligera y fresca: mi padre estaba sin camiseta y llevaba un pantalón de chándal amplio que le llegaba por las rodillas; yo un bañador corto y una camiseta. Comimos tumbados en sofás diferentes con la tele encendida sin motivo, porque nos pasamos hablando sobre temas diversos, incluso después de acabar de comer.
Eran las tres de la tarde cuando mi padre decidió echarse la siesta en su habitación. Mientras fregaba los dos platos y los vasos de la comida pensé en hacerme una paja aprovechando que mi madre y mi hermano estaban fuera y mi padre dormía la siesta. Entré a mi cuarto, encendí el portátil y le enchufé los auriculares. La habitación de mis padres estaba pegada a la mía, por lo que tenía que evitar cualquier tipo de ruido extraño que pudiera despertar a mi padre. Curioseé los videos que tenía guardados en el ordenador, y empecé a tocarme superficialmente. Mis padres siempre aceptaron que yo fuera gay y me permitían traer a mi exnovio a casa siempre que quisiera, pero desde que lo dejamos hace cuatro meses no follo y me paso el día haciéndome pajas.
Mi polla no era nada del otro mundo – medía unos diecisiete centímetros y era bastante gruesa. Cuando estuvo preparada me la saqué del bañador y empecé a agitarla ritmicamente. Sentía placer al masturbarme en la intimidad porqué era un momento de tranquilidad para mí.


- Diego, ¿puedo pasar?
La voz de mi padre resonó desde el otro lado de la puerta pidiendo paso a mi habitación. Quité el vídeo que estaba viendo, guardé mi polla en el bañador intentando disimular la erección y permití a mi padre entrar a la habitación.
-Me voy al bar unas horas, que necesitan uno más para el póker. Cuida de la casa, ¿vale?
-Si, papá. -le contesté firmemente. Dudo que salga hoy, mis amigos están todos descansando de 
los finales. 
Mi padre se dio la vuelta y se marchó. Aunque mi polla no fuese gran cosa cuando me erecto se nota y sólo pensaba en si mi padre me lo había notado o no. Fuera como fuera, la puerta de casa se había cerrado y a mí se me había bajado la polla del susto, así que decidí descansar un poco. 
Cuando él volvió a eso de las siete, se dio un largo baño mientras yo hablaba con mis amigos por teléfono. Pasado un tiempo mi padre me llamó desde el baño y yo acudí deprisa :
- Diego, me he olvidado sacar la toalla del armario. ¿podrías acercármela? –me dijo.
- Claro, solo un segundo… ¿la azul? 
Él nunca tuvo inconvenientes en enseñar su cuerpo desnudo, pues era muy liberal. A mí nunca me pareció una conducta adecuada pero tampoco me desagradaba verle o enseñarle mi cuerpo a mi padre. A pesar de la fuerza física que realizaba a diario, mi padre tenía algo de tripa, pero sus musculosos brazos y sus grandes piernas la hacían pasar desapercibido. Le di la toalla y me fui a ver la tele. Mi padre se unió cuando terminó su baño y sólo llevaba unos bóxer algo ajustados y yo los mismos bañadores que había llevado durante todo el día, aunque esta vez sin camiseta. Sugirió encargar pizza para cenar, a lo que le respondí que sí. Una vez recibí y pagué las pizzas, nos las comimos otra vez en el salón e iniciamos una conversación fluida: él me contaba que había hecho en el bar y alguna anécdota de cuando él tenía mi edad pero yo estaba más preocupado por si me había pillado antes machacándomela en mi cuarto que por sus palabras. Mientras recogía los cartones de las pizzas, mi padre sugirió ver alguna película antes de ir a dormir. Vimos una que pasaban por la tele sobre un atraco a un banco mientras comíamos palomitas de maíz y mi padre bebía su cerveza. Casi al final de la peli uno de los secuestradores se follaba a su novia en un ascensor.
- Hay que ver la cantidad de sexo que ponen en las películas últimamente – dijo mi padre entre carcajadas.
- ¡Ja, ja, ja, ya lo creo! – contesté algo cortado.
- Y aquí son algo explícitos, porque en algunas que he visto yo enseñan más que las tetas.
- No sé si me gustaría saber qué películas ves con mamá, papá…  
El salón estaba alumbrado solo por la luz de la tele, pero alcanzaba para ver la figura de mi padre sin dificultad.
- Bueno hijo, creo que no voy a esperar a que acabe la película – dijo -. Me voy a dormir, que descanses. 
Mi padre cogió tres latas de cerveza vacías y las tiró a la basura. Mientras pasaba pude ver que el bulto de mi padre había crecido algo desde la escena porno de la película. Pero no le di importancia, es más, pensé que se iba a la cama a pajearse por la misma razón que yo antes: mi madre y mi hermano no estaban y yo estaba mirando la tele; intimidad total. Me resultó chocante saber que mi padre se iba a tocar porque hacía tiempo que no oía a mis padres hacerlo y me imaginaba cuánto tiempo llevaría mi padre sin correrse. Pero después la idea me empezó a resultar atractiva. Incluso mi polla empezó a reaccionar ante esos pensamientos. Nunca me había sentido atraído por mi padre, pero sí que sentía gran atracción hacia hombres maduros y puede que ese fuera el desencadenante de mi erección momentánea. 
Pasados unos minutos, y con mi polla algo más calmada, me fui a la cama. Crucé el largo pasillo donde están las habitaciones – primero la de mi hermano, luego la de mis padres y luego la mía. Sin razón alguna presté especial atención a la puerta de mi padre, que se encontraba entreabierta y de donde salía la luz de la lámpara de mesa. La varonil voz de mi padre irrumpió en mi mente llamándome:
- ¿Diego? Pasa, pasa.
- ¿Querías algo, papá?- dije a mi padre, tumbado en su cama tapado por la sabana.
- Me preguntaba si querías dormir conmigo esta noche, como cuando eras más pequeño. Tu madre no está y la cama se me hace más grande que de costumbre.
La pregunta me pilló de improvisto…
- Emm… claro, papá… deja que vaya a coger mi pijama y vuelvo.
- ¿Vas a dormir en pijama con el calor que hace? ¡No seas ridículo! Duerme en gayumbos, como si estuvieses en tu habitación. 
La situación cada vez me intrigaba más. No obstante, obedecí a mi padre y me metí en la cama con él. Los recuerdos me invadieron y sentía que tenía ocho años otra vez.
- Buenas noches, Diego – dijo mi padre mientras me dio un beso en la mejilla. 
- Buenas noches papá – le contesté rascándome el beso por el picor de la barba.
Intenté divisar su bulto, el mismo con el que se había levantado del sofá minutos antes. Al no encontrarlo pensé que ya se había desfogado y se había relajado ya. El problema es que yo no me quitaba la imagen de mi padre masturbándose, y mi polla, que hoy no se había corrido aún, se levantó. Por suerte la luz estaba ya apagada y mi padre intentaba dormir.
Puede que fueran las doce de la noche, o la una, no lo sé. Yo aún daba vueltas en la cama de mi padre y decidí ir a fumar un cigarrillo para relajarme. Cuando lo terminé volví y me acosté junto a mi padre, que se había destapado por el calor. Mientras intentaba dormir, de espaldas a mi padre, noté que mi padre se movía mucho: los brazos los usaba como si se rascase, movía las piernas lentamente… 
- ¿Papá? – me atreví a llamarlo, pero no me contestó y pensé que estaría soñando. Al cabo de un rato percibí los mismos movimientos y, además, noté un ligero vaivén en la cama. De pronto caí: mi padre se estaba masturbando. Entonces, ¿antes no se había masturbado? ¿Había esperado para masturbarse ahora, en ese momento? ¿Realmente se estaba masturbando yaciendo al lado de su hijo?


- ¿Papá? – dije esta vez con un tono más elevado
- ¡Hijo! Me has asustado… Pensaba que dormías –susurró entrecortadamente ¿Querías algo?
- Será mejor que vaya a dormir a mi cuarto… - dije muy avergonzado.
- No, espera… Siento mucho lo que estoy haciendo –dijo. Me pareció que hubo un tono de arrepentimiento en su voz - ¡Hace más de un año que no tengo sexo con tu madre! –exclamó, intentando justificarse- He aprovechado ahora que se ha ido unos días para hacer… 
Silencio apenas roto por el susurro de las sábanas al destaparse
- …al igual que tú esta tarde –concluyó por fin.
- ¿Cómo? Yo no… -exclamé sintiendo que la sangre me cubría las mejillas
Súbitamente la estancia apenas quedó iluminada por la lámpara de la mesita de noche. El click del mecanismo de iluminación de la bombilla que precedió a aquella penumbra me sobresaltó aún más.
- ¡Hijo disimulas muy mal! ¿Crees que basta solo con taparla con un bañador? Una polla grande se tiene que disimular mejor porque si no se nota mucho. Si no fíjate, en la tuya que parece que se acuerda de lo que hacía y se ha despertado – dijo señalando mi paquete, cada vez más hinchado.
- ¡No me mires la polla, papá! No me siento cómodo.
- ¡Parece que va a reventar dentro del gayumbo! –exclamó con sorna.
- Papá…
- ¡Déjamela ver! – me ordenó en un tono de súplica que más bien sonaba a diversión- ¡Y no te avergüences hombre! Será por las veces que te he visto desnudo…
El silencio que cayó entre nosotros rompió cualquier amago de burla.
- Como quieras… - exclamé al fin. Me la saqué y mi padre la observó detenidamente.
La situación me la agrandaba todavía más y estaba deseando irme a mi cuarto para cascármela.
- Chaval, no está nada mal. Pero aun te queda para alcanzar el tamaño de tu padre.
Acto seguido, mi padre se la sacó y me la enseñó. El bulto que había visto en el sofá no tenía comparación: me pareció que lucía una polla de unos veintidós centímetros, gruesa y con el capullo circuncidado. Mi cara enrojeció mientras mi padre se reía de la situación. Dejé la mente en blanco por unos segundos con la esperanza de que mi padre me dejara ir de una vez, para pajearme tranquilo y solo en mi habitación, cuando de repente él me  dijo en un tono de lo más sensual: 
- Pues hijo, con tu permiso voy a cascármela un rato, que me hace mucha falta. Tengo las pelotas duras como rocas. He de vaciarlas -aseveró con la maestría de su madurez.
Sin darle mi respuesta se quitó el bóxer, se la agarró y empezó a agitarla con fuerza entre pequeños gemidos. Yo, que aun tenía la polla fuera, y me limité a acariciarme tímidamente. 
- ¡Anda hijo, vamos a pajearnos juntos! – exclamó jocosamente mi padre mientras 
buscaba algo en el cajón de su mesita de noche. La situación se volvía cada vez más surrealista cuando vi, sin dejar de acariciarme el nabo, que lo que sacaba del cajón era un dvd porno.
- Esto no está bien, papá. –sentencié. Pero si insistes… - 
No me agradaba la idea de pajearme con una película porno hetero, pero aún menos me agrada aquella idea de pajearme junto a mi padre.
La película empezó y mi padre la adelantó para ver lo que denominó algo de acción. Y cuando por fin comenzó la acción me quedó claro que él se masturbaba con ímpetu; mientras que yo lo hacía más suave y tímidamente. Para excitarme, miraba de reojo la gorda polla de mi padre y él, al darse cuenta, dijo:
- ¡Joder, hijo! –agaché la cabeza pensando que me iba a regañar-. No he caído en que a ti estas películas no te gustan. Si quieres puedes mirarme a mí para ponerte cachondo.
Se me hubieran caído las pelotas al suelo, en cualquier otra situación, nada más
escuchar esas palabras saliendo su boca. En lugar de eso mi pene se endureció un poco más, si cabe. Así que sin pronunciar palabra lo hice. Le miré, y mirándole me convencí de que él estaba tan excitado que por eso me permitía observarle mientras se pajeaba. De vez en cuando mi padre se acariciaba los pezones y su par de pelotas y me observaba a su vez, como para asegurarse de que yo lo pasaba bien. 
De pronto se detuvo y me susurró:
-Házmela tú, ¿quieres?.
Y me agarró la mano para ponerla sobre su pene.
No me explico aún qué me llevo a ello ni porqué lo hice, pero agarré con fuerza el trabuco de mi padre y lo acaricié suavemente. Luego lo sacudí más deprisa y jugueteé con sus pezones con la mano que me restaba libre. Papá me agarró mi polla también y la empezó a agitar como yo lo hacía. Recuerdo que me asió por la cabeza y nuestros labios se enfrentaron, los cuales besé mientras tomaba conciencia de lo que estaba sucediendo: mi padre me había encandilado para follar con él. ¿Estaba mi padre tan falto de sexo que recurriría a mí de verdad? ¿Qué opinaría mamá si se enterara? Fuese como fuese cada vez me excitaba más esa idea incestuosa. Después de los besos me empujó con fuerza la cabeza hacia abajo la hasta llegar a su polla.
- Abre la boca hijo – suplicó susurrando
La polla de mi papá era lo suficientemente gruesa como para que no me cupiese en la boca, aunque la ocasión merecía que diese lo mejor de mí. Mi padre me agarraba del pelo conforme iba bajando por su polla y sacudía mi cabeza para marcar el ritmo. Él me acariciaba el culo mientras yo seguía con su polla, que chupaba y masturbaba mientras él me introdujo los dedos.
- Hijo, no sé qué me está pasando, pero tengo ganas de follarte. ¡Ponte a cuatro patas, venga!
- Si, papá – dije sin permitir que me sacara los dedos de mi culo. Me incorporé sobre la cama de mis padres y mi padre me cogió de las nalgas para jugar, antes de pasar a la acción.
- ¿Estás listo? Prepárate Dieguito que tu papá te la va a meter para que goces. – 
Hacía años que nadie en mi familia me llamaba Dieguito y que lo hiciera papá en ese momento me hizo enloquecer.
La polla de mi padre empezó a abrirse camino mientras yo gemía de dolor. Me dolía, porque ningún tío al que me haya tirado la tenía como mi padre, pero no quise que parara. Mi padre tenía una expresión en la cara de placer absoluto que probablemente haría años que no tenía, razón de más para que empezase a follarme con fuerza. Notaba como el cabecero de la cama rebotaba contra la pared enérgicamente y la vieja cama chirriaba con las embestidas recibidas de mi padre. En ese momento ni él ni yo nos preocupábamos por si los vecinos nos oían; sólo en disfrutar del momento paternofilial tan salvaje que compartíamos. Empezó él también a gemir conmigo, me levantó y me dio la vuelta para que ambos pudiéramos vernos. Ver a mi padre desnudo, apoyándose en el cabecero con sus brazos tonificados y sintiendo palpitar su gran polla dentro de mí hizo que tuviera el impulso de masturbarme. 




- ¿Tanto te gusta que tu padre te folle que te pajeas mientras lo hace? Pues te voy a dar más motivos para que te toques – y empezó a darme repetidas sacudidas introduciéndome toda su polla hasta dentro de mí. Todos mis músculos reaccionaron haciendo que me retorciera de placer.
- ¡Oh, Dios, papá! ¡Sigue así, por favor!
Tras terminar con las sacudidas, sacó de mi culo su polla y la agitó con fuerza, soltando su semen por mi torso. Su abundante y caliente simiente casi me quemaba y la sensación producida por el primer chorro de la leche de mi padre en mi cuerpo hizo que mi semen, no tan espeso como el suyo pero sí abundante, brotara hacia todos los lados junto al de mi padre, y me uní a sus gemidos de placer. Y así los dos, recién aliviados, nos miramos, padre e hijo, y nos besamos mientras él me acariciaba el pecho, ahora ya sellado con su propia leche. Eran las tres y media de la madrugada.
A la mañana siguiente desperté en la cama de mi padre no muy tarde. Él, que era muy madrugador, se habría despertado un poco antes y se había marchado al salón a hablar con mi madre. Oía la conversación y deduje que mamá y Ramón lo estaban pasando en grande en el hotel costalero. Papá también contaba lo que había hecho en casa: preparar la comida, ir al bar, pedir pizzas para cenar y ver una peli conmigo. Vi en su lado de la cama los calzoncillos que se había quitado por la noche, así que debería estar desnudo. Me levanté, me puse mis calzoncillos y me dirigí al salón.
- Parece que Diego nos ha oído hablar y se ha despertado, Margarita. ¿Quieres hablar con él? Vais a la playa, luego lo llamarás, ¿no? Vamos a ir a desayunar. Espero que te lo pases bien. Un beso. – 
Mi padre se encontraba desnudo en el sofá, donde la noche anterior vio la película que provocó que yo me acostara con él. 
- Buenos días, Dieguito –dijo levantándose. -¿preparamos el desayuno?
- Buenos días papá
Salí yo primero del salón. Mi padre, que me seguía de cerca, me dio un azote en el culo. Cuando me volteé me dijo:
- ¿Aún vas a seguir tapándote estando delante de mí?
Por lo visto mi padre no olvidaría la noche en que me cameló para follar con él. 
Sinceramente, espero que así sea. 
Fin.



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